Rescate arqueológico en la Casa del Regidor

Rescate arqueológico en la Casa del Regidor

Por: Iosvany Hernández Mora, Jenny Patricia Mujica Olario, María del Carmen Alemán Vázquez, Mirlyett Malvarez Álvarez, Denys Rodríguez Bernet

La investigación arqueológica en el inmueble No. 219 de la calle Independencia, conocida como Casa del Regidor, constituyó un estudio emergente cuyo objetivo fue la recuperación y preservación de materiales históricos que de otra manera se perderían irremediablemente.

La edificación, sede actual del Centro de Gestión Cultural de la Oficina del Historiador de la Ciudad de Camagüey, está ubicada alrededor de la actual plaza Maceo, anteriormente plaza de San Francisco de Paula. 

En el inmueble sobrevivía un colector sanitario en su parte trasera.  Antiguamente era costumbre arrojar todo tipo de desperdicios en estos depósitos localizados distantes de las habitaciones para solucionar la fetidez.

El colector descubierto, con dimensiones de 4,60 m de largo x 3 de ancho y 2,30 m de profundidad, fue necesario excavarlo sin atender sus interfaces internas, pues una vez iniciado el proceso comenzó a anegarse en agua por razones desconocidas.  Esta situación obligó a detener la excavación cuando faltaban 30 cm para alcanzar el fondo, por lo que la muestra corresponde al 90 % de su contenido.

La excavación fue fructífera en evidencias culturales, incluyendo fragmentos y objetos completos de cerámica de variadas tipologías importadas o locales: vidrio, hueso, conchas y metal.  Se obtuvo un total de 7 160 restos de un contexto primario, originado por desperdicios orgánicos y eliminación continua de objetos inservibles provenientes en lo fundamental de la cocina.  Otros remiten a las disímiles actividades sociales de sus dueños, tanto en el espacio público como privado.

Los artefactos foráneos hallados proceden de Alemania, Francia, Holanda, España, Inglaterra y Estados Unidos de América.  El análisis arrojó una importación mayoritaria desde estos dos últimos países, lo cual indica las líneas preponderantes de comercio acordes a la época.

Las características estéticas del conjunto muestran que quienes vivieron en la casona tenían acceso a gran parte de los bienes suntuarios posibles de adquirir en el contexto social de Puerto Príncipe durante el siglo xix, aunque el colector estuvo en uso hasta principios del xx, cronología determinada por el estudio del material y los datos documentales. 

El valor contextual de la muestra exhumada, donde se encuentran artefactos de factura exquisita, como los finos vasos de vidrio traslúcido labrado, señala un estatus social elevado, a raíz de un alto poder adquisitivo evidenciado por el acceso a mercancías exóticas o de lujo.

El estudio zooarqueológico determinó que los moradores consumieron múltiples recetas culinarias basadas en ganado vacuno, porcino, caprino, además de huevos, aves de diferentes especies, quelonios, peces y moluscos marinos y terrestres.  Esta información devela un comercio sustentado en la fauna doméstica y silvestre, al mismo tiempo presupone hábitos de caza y pesca en diferentes nichos ecológicos y la producción agropecuaria.

Sería tedioso describir las particularidades del conjunto arqueológico recuperado, por ello solo serán referenciados algunos hallazgos: pequeños juguetes de loza, fichas de juego elaboradas de forma artesanal, objetos ornamentales y piedras de chispa de fabricación francesa e inglesa, usadas en armas de fuego hasta mediados del siglo xix para encender la pólvora; así como gran variedad de fragmentos de azulejos característicos de la centuria siguiente con diferentes decoraciones y color.

De manera singular el cribado de la tierra extraída del colector sanitario aportó once monedas de plata de origen mexicano.  Debido al mal estado de conservación recibieron tratamiento por electrólisis en el Gabinete de Restauración de la Oficina del Historiador de la Ciudad de La Habana.

La recuperación fue fructífera en la mayoría de los casos, al obtener los datos siguientes: 2 monedas de dos reales, etapa republicana, acuñadas en Zacatecas 1843 y Guanajuato 1839; 4 monedas de un real, etapa colonial, de Ciudad México, acuñadas a nombre de Carlos IV, entre 1788 y 1808, la tercera de ellas a nombre de Carlos III del período 1760-1788, y la siguiente a nombre de Fernando VII, de 1813.

También se obtuvieron 5 monedas de medio real, etapa colonial, Ciudad México; la primera aparece a nombre de Carlos III entre 1760 y 1788 y la segunda con igual acuñación, pero de 1773.  La tercera y cuarta, poseen la misma identificación y son de 1781.  La última, a nombre de Fernando VII, es de 1790.

Dos de las monedas de medio real presentan un pequeño orificio cerca de sus bordes, rasgo que hace suponer otro fin, una vez perdido su valor de cambio.  Quizás dentro de su contexto monetario fueron parte del agasajo de algún casamiento, dada la tradición en Puerto Príncipe de lanzar pequeñas monedas engarzadas con cintas de colores a los recién casados cuando salían de la iglesia, costumbre según los códigos sociales de familias acomodadas.

La identificación de siete lascas de sílex permitió designarlas piedras de chispa de la primera mitad del siglo XIX, utilizadas en armas de fuego como los conocidos mosquetes.  Los ejemplares develan la huella del desgaste en sus cantos.  Usados para unos diez disparos, no eran raros en distintos ámbitos coloniales, civiles, militares, religiosos y otros.  El origen de dos de ellas corresponde a la tipología francesa y el resto a la inglesa, con formas y colores diferenciables.

Las fichas de juego mencionadas anteriormente fueron manufacturadas en loza blanca y vidrio traslúcido, se relacionan con un juego de azar desconocido en esencia, pero inferido a partir de documentos etnohistóricos y datos arqueológicos.  Objetos similares han sido encontrados en excavaciones en Cuba, el Caribe y el resto de Latinoamérica en contextos del siglo XIX.

El estudioso argentino Daniel Schávelson afirma que este tipo de pieza forma parte del juego de Chaquete, llamado popularmente Chinata en la parte occidental de Cuba.

La arqueóloga norteamericana Theresa Ann Singlenton ha constatado que en Monserrate los descendientes de esclavos las utilizaban en el juego denominado China Money.  Estas fichas han sido reportadas en sitios de habitación, recintos militares y hasta ingenios y cafetales en áreas ocupadas por esclavos, lo cual no significa que sean privativas de este sector social.

Su hallazgo en la casona que nos ocupa estaría asociado con la servidumbre, indicador que podría ser manejado para una hipótesis acerca del uso del tiempo libre en relación al cúmulo de trabajo.

Consideraciones teóricas a partir del estudio arqueológico en la Casa del Regidor

La posibilidad de intervenir un contexto de esta naturaleza aporta, en la mayoría de los casos, una variadísima representación de cultura material a exhumar, lo cual permite estudiar el universo doméstico de un período histórico determinado.  Por este motivo a mediados del año 2009 el Gabinete de Arqueología de la Oficina del Historiador de la Ciudad de Camagüey inició el proceso para el rescate arqueológico en la Casa del Regidor.

Pues sí, no todo es visible, el subsuelo de la urbe camagüeyana contiene buena parte de la cultura material de su desarrollo, en un número de depósitos actualmente desconocido que otrora formaron parte de la dinámica de su reproducción social.  Bajo nuestros pies, en espacios urbanos e inmuebles, sobreviven las huellas de lo que serán en breve quinientos años de vida; la ciudad histórica no se delimita solo por sus edificios transformados en mayor o menor medida, sino por la continuidad temporal de múltiples componentes en el espacio.

Ninguna ciencia social, incluida la arqueología, que desee construir un conocimiento útil sobre el pasado, puede atenerse a perfiles o muros conceptuales carentes de perspectiva histórica. Resulta imposible concentrar el trabajo arqueológico en el área declarada Patrimonio Cultural de la Humanidad o en el centro histórico y obtener un registro representativo para el estudio de problemáticas socioculturales que involucran áreas contrapuestas, o dejar de asumir consecuencias desastrosas para zonas supuestamente ajenas.

El patrimonio histórico cultural constituye recurso no renovable, en esto radica la dimensión de su valor, o más bien de su carácter invaluable; una vez destruidos los contextos arqueológicos o documentos históricos la pérdida es irrecuperable. El conocimiento del pasado principeño, desde una perspectiva documental, sufre la ausencia de registros perdidos por incendios en la villa, acciones piráticas que hoy tienen sus seguidores en quienes presencian impávidos el deterioro de una memoria trascendental por su significación colectiva.

La arqueología aporta.  Y el pragmático, casi siempre agnóstico, debe saber que con cada trabajo de rescate, la materialidad fragmentada de otras épocas no solo se visualiza, sino que aún fortalece el convencimiento del carácter histórico de la realidad, de las indelebles fronteras temporales.

Toda labor de conservación e investigación, todavía cuando responda al diagnóstico previo y a la planificación exhaustiva, es compleja en virtud de las trasformaciones que sufre el contexto urbano en un espacio habitado.  Una gran parte de estas intervenciones se realizan para la rehabilitación de construcciones antiguas, y cada una de ellas proporciona la única oportunidad de obtener nuevos conjuntos y datos arqueológicos.

Las excavaciones de rescate arqueológico constituyen un recurso sumamente útil y necesario para el conocimiento histórico cultural.  En una etapa de labor científica preorganizativa estas suelen ser mucho más numerosas aunque incidan múltiples factores. La planificación del trabajo arqueológico y su relación con los planes de intervención patrimonial, es asimismo un requisito insoslayable en urbes históricas.

La ciudad de Camagüey, yacimiento arqueológico complejo por su carácter heterogéneo y asimétrico, necesitó una nueva mirada.  Ella resultó de la interrelación en el territorio de un entramado de lugares que son imprescindibles para su conocimiento.

El patrimonio signado por este propósito parte desde el subsuelo y no necesariamente tiene una relación directa con lo que podemos observar hoy por encima de la cota cero.  La aplicación de sistemas de investigación arqueológica en áreas urbanas permite un progreso fundamental en el discernimiento de estas materializaciones, pero desde un necesario equilibrio entre sus intereses y los de la restauración arquitectónica, pues ambas por diferentes vías revalorizan la riqueza cultural de un centro histórico.

Fuente: http://www.ohcamaguey.cu/index.php/es/inv/arq/150-rescate-arqueologico-en-la-casa-del-regidor.html

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