Hurgando en el pasado arqueológico

Hurgando en el pasado arqueológico

Recientes expediciones realizadas a las tres cuevas que conforman la Región Pictográfica Guara, una de las más importantes del archipiélago cubano, arrojan nuevos indicios sobre el probable origen y significado de los dibujos allí encontrados

Por: Orfilio Peláez

Transcurría el mes de junio de 1947 cuando los jóvenes investigadores Ramón Dacal, Oscar Arredondo y Armando Rivas recorrieron la Cueva del Muerto, ubicada en las inmediaciones del poblado habanero La Ruda, cercano a Melena del Sur, y al hacer sus excavaciones hallaron fragmentos de cráneos humanos y evidencias de un ajuar, al parecer aborigen.
El descubrimiento los motivó a incursionar en otras dos localizadas a solo cientos de metros de la mencionada, encontrando en una de ellas muestras de cerámica y calderos de hierro de la etapa colonial.

Aquel hecho despertó el interés arqueológico de lo que sería llamada posteriormente por el doctor Antonio Núñez Ji­mé­nez, Región Pictográfica Guara, luego de que en 1974 el campesino Juan Carlos Mesa notificara al grupo de aficionados a las ciencias Batabanó, la existencia de dibujos “raros” en las paredes de ese complejo de espeluncas que los habitantes de la zona preferían denominar desde tiempos lejanos Cuevas de las Charcas, en alusión a la finca del mismo nombre que era la más conocida en la zona.

La noticia oficial del singular hallazgo, confirmado meses después por el grupo Batabanó, fue publicada por este diario el 22 de febrero de 1975, estimulando desde entonces el inicio de estudios sistemáticos y campañas de excavaciones arqueológicas en el complejo pictográfico que conforman la Cueva de los Muertos, la Cueva de los Plátanos y la Cueva del Aguacate.

Una cuarta sin dibujos, pero colindante al resto y con evidencias arqueológicas significativas, completa la relación de las investigadas: La Cueva de las Charcas.

En opinión de los especialistas, la presencia de presuntas escenas de cacerías, acompañadas de motivos como círculos concéntricos y en espiral, antropomorfos y otros diseños geométricos, todos plasmados en color negro e imbricados por una aparente similitud en el estilo y el grosor de los trazos, le conceden a la Región Pictográfica Guara una singularidad única en el contexto del arte rupestre en el área antillana del Caribe.

Con cerca de 300 estaciones o sitios de arte rupestre documentados, Cuba es una de las naciones del entorno caribeño insular que dispone de un detallado y preciso registro de esa manifestación cultural y arqueológica, que brinda valiosa información en los intentos por descifrar enigmas del pasado referidos a las creen­cias, organización y estilos de vida de las comunidades aborígenes y otros grupos asentados en nuestro archipiélago antes y después del arribo de los conquistadores españoles.

Hay un marcado predominio de las estaciones rupestres de tipo pictográficas, que son aquellas con presencia de alguna forma de pintura o dibujos intencionalmente elaborados en cavernas, grutas, y abrigos rocosos, siendo la región occidental la que atesora la mayor cantidad de esos sitios al disponer de más del 50 % de los existentes en el país.

REVELACIONES DE UNA PESQUISA

A partir del 2012 la Región Pictográfica Guara ha sido escenario de cuatro expediciones científicas enmarcadas dentro del proyecto de investigación arqueológica Las Charcas, encabezado por los especialistas Róger Arrazcaeta Delgado, director del Gabinete de Arqueología de la Oficina del Historiador de La Habana, y Jorge Garcell Domínguez, del Consejo Nacional de Patrimonio Cultural.

En las campañas participan, además, profesionales y técnicos de los Museos Municipales de San José de las Lajas y Madruga, la Oficina del Conservador de Santiago de Cuba, del Proyecto SOS Arte Rupestre, estudiantes de la Escuela Taller Gaspar Melchor Jovellanos, de La Habana Vieja, y aficionados a la arqueología de las provincias de Mayabeque, Artemisa y Pinar del Río.

Como explica a Granma el arqueólogo Róger Arrazcaeta, las exploraciones recientes permitieron enunciar una nueva hipótesis sobre los posibles creadores de las pictografías y el significado de algunas de ellas.

De acuerdo con lo planteado por Arrazcaeta, los autores de algunas de las escenas pictográficas presentes en esas cuevas pudieron ser los aborígenes del llamado Pueblo Indio de Gua­nabacoa, una reserva establecida por los conquistadores españoles el 12 de junio de 1554, “para proteger a los indios que habitan y moran en esta provincia, después que por su Majestad les fue concedida la libertad”, según reseña el acta capitular del Ayuntamiento de La Habana correspondiente a la citada fecha.

Una de las razones para esgrimir tal argumento, aseveró, se basa en el análisis de documentos de los siglos XVI, XVII y XVIII, de los cuales inferimos que las tierras donde hoy radican las cuevas de la Región Pictográfica Guara pertenecían al corral Río Bayamo o Río Cañas, un círculo de tres leguas de diámetro otorgado por el cabildo habanero a los referidos aborígenes, ubicado hacia el centro sur de la actual provincia de Mayabeque.

El director del Gabinete de Arqueología de la Oficina del Historiador de la Ciudad, manifestó que tomando en cuenta que la actividad ganadera era una de las fundamentales de la zona en esos años de la colonización española, interpretamos que la presencia de murales con cuadrúpedos semejantes a los bovinos podrían corresponder a probables escenas de montería o cacería de ganado mayor, es decir que representarían la captura de ejemplares salvajes o sueltos.

Llama la atención que el contenido temático de las representaciones figurativas de las cuevas de Guara no tiene hasta ahora semejanza alguna con otros sitios del arte rupestre antillano.

Más allá del esbozo de esta teoría, las excavaciones hechas en los últimos tres años permitieron encontrar nuevas evidencias de la presencia aborigen precolombina de grupos Apropiadores Medios y probablemente de Apropiadores Tar­díos en el lugar, que incluyen el descubrimiento de fogones y áreas para la preparación e ingestión de alimentos.

También se localizaron objetos como puntas de flecha de sílex destinadas a la caza de animales pequeños, y piezas con bordes filosos presumiblemente utilizadas para cortar carnes y pieles, elaboradas en caliza de origen local y algunas en sílex de procedencia distante.

Destaca, asimismo, la presencia de cerámica acordelada en la Cueva de los Muertos, confeccionada mediante el empleo de una técnica muy primitiva. Otro hecho a destacar consistió en la exhumación de restos humanos dispersos, pertenecientes probablemente a entierros aborígenes alterados por actividades antrópicas.

La suma de los descubrimientos enunciados apunta a que el lugar pudo estar ocupado por el hombre desde cerca de 3 000 años antes del presente.

Fueron igualmente encontrados elementos de la época colonial, entre ellos un singular pavimento empedrado de una presunta casa del siglo XIX en el interior de la Cueva de los Muertos, varios enterramientos con cronología de finales de esa misma centuria y principios de la del XX, e indicios de un posible refugio de cimarrones aún en estudio.

Según indica Róger Arrazcaeta, a través de la toma de muestras a los pigmentos de los dibujos asentados en las cuevas se están haciendo las primeras dataciones directas del arte rupestre cubano con el método de carbono 14 y aplicando la avanzada técnica de espectrometría de absorción de masa.

Dicha investigación, resaltó, tiene lugar con el apoyo de científicos de varias universidades norteamericanas y sus re­sultados propiciarán determinar con certeza la real antigüedad y filiación cultural de estas pictografías, verdaderas joyas de la arqueología cubana.

Fuente: http://www.granma.cu/ciencia/2016-03-18/hurgando-en-el-pasado-arqueologico-18-03-2016-20-03-06

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