En busca de nuevos horizontes

En busca de nuevos horizontes

Por: Alexis Rojas Aguilera

Obtener nueva información arqueológica e histórica sobre presencia del indio en el territorio de la actual provincia de Holguín entre los siglos XVI y XIX, es un principal objetivo del proyecto Indios en la provincia de Holguín: Arqueología e Historia, que acaba de emprender el Departamento Centro Oriental de Arqueología, liderado por el DrC. Roberto Valcárcel Rojas.

El estudio patrocinado por el Centro de Investigaciones y Servicios Ambientales y Tecnológicos (Cisat) de la ciudad de Holguín, del Ministerio de Ciencia, Tecnología y Medio Ambiente, se extenderá hasta el 2018, y cuenta con el apoyo y la participación de la Universidad de Leiden, Holanda.

En su desarrollo participan también, comunicó Valcárcel Rojas, la Oficina de Monumentos Históricos de Holguín y la Universidad de Holguín, e historiadores como José Novoa Betancourt y Ángela Peña.

El estudio busca además reconocer, con datos arqueológicos e históricos, la emergencia del indio como categoría colonial en el territorio de la actual provincia de Holguín y valorar su participación en los procesos socio-culturales y económicos verificados entre el siglo XVI y XIX.

Ya con interesantes elementos en mano, obtenidos en parte en documentos localizados en el Archivo General de Indias, en Sevilla, España, el DrC. Roberto Valcárcel, precisó detalles de cómo el indio se inserta en la acción fundacional del pueblo de San Isidoro de Holguín.

La localidad, agregó, hacia inicios del siglo XVIII tomaba fuerzas y forma, y crecía como enclave estratégico en el nororiente de la Isla. Congregaba habitantes que fomentaban la explotación de las tierras de aquel gran espacio y pugnaban por hacerse un lugar, con todas las implicaciones económicas y sociales que esto suponía, y por separarse del término y jurisdicción de Bayamo.

Por entonces, recuerda, autoridades de La Habana y Santiago de Cuba interesadas en debilitar a la oligarquía bayamesa se hacían eco de la queja de los nacientes holguineros sobre ¨daños y vejaciones que sufren de las justicias de la Villa de Bayamo¨. Holguín, indicó, era un pueblo con potencial para quebrar el espacio territorial y económico de Bayamo.

Por ello, “la idea de concederle el estatus de Villa a San Isidoro de Holguín resultó bien acogida por los mandos de La Habana y Santiago de Cuba. En 1732 la solicitud había llegado a las instancias de gobierno en la Península y se recababa información sobre los beneficios y prejuicios de darle este título”.

Como parte del proceso, en 1736 el Gobernador de Santiago de Cuba, Don Pedro Ignasio Ximenes, en razón de órdenes del Capitán General de la Isla, envía al capitán Don Pedro Raphael de Arrate y al ingeniero militar Don Joseph del Monte y Mesa a reconocer el pueblo, apunta Valcárcel.

De esa visita emerge un dictamen de la población cuyo perfil étnico se resume así: ¨…673 personas aunque 86 son esclavos y gente domestica de buena índole e inclinación hombres de trabajo y buen aspecto más son blancos y de buena color con cabello rubio los más de los niños lo cual debe atribuirse al temperamento de las aguas…”

De ahí que el arqueólogo e historiador razone: “Es peculiar que en estas observaciones no se hable de indios y se enfatice en el predominante carácter blanco de la población. Hay razones para pensar que en este caso, como en muchos otros, fueron intencionalmente ignorados, omitidos. El término indio estaba bien reconocido en la época y designaba a los descendientes de indígenas, particularmente a los de la población original de Cuba, pero también a los que entraron en distintos momentos como parte de las nuevas dinámicas de manejo poblacional colonial”.

Señala que para la primera mitad del siglo XVIII el oriente cubano tiene una reconocida presencia de indios y estos son participes de distintos acontecimientos. Los hay en Bayamo, Baracoa, Santiago de Cuba y todo un pueblo en El Caney; hacia 1700 se concreta la fundación del pueblo de Jiguaní, promovida por un indio y en función de su gente.

“Los indios de El Caney se sublevan en 1758; las milicias de este pueblo y las de Tiguabos tienen un papel importante en la derrota de las fuerzas inglesas que desembarcan por la bahía de Guantánamo con la pretensión de atacar Santiago”.

Asegura entonces que, “Lo que después seria San Isidoro de Holguín tenia aldeas indígenas en sus inmediaciones, al menos desde el siglo XII después de Cristo. No sabemos si estas poblaciones aun estaban habitadas al momento del arribo español, pero el sitio que posteriormente se conocería como El Yayal, tres kilómetros al sur del pueblo, concentró población de origen indígena durante el siglo XVI, al igual que El Pesquero, a unos 13 kilómetros en la misma dirección. Los datos arqueológicos indican que El Yayal continuo habitado en el siglo XVII”.

Señala Valcárcel Rojas que según el historiador Ignacio de Urrutia y Montoya muchos indios “son beneficiados con tierras al norte de Bayamo y van a moverse al curato que se funda en la zona para cumplir con las obligaciones religiosas. Desde esta perspectiva es posible seguirlos a partir del mismo proceso de formación de la iglesia parroquial de San Isidoro que se da en una región que ronda el área de lo que sería el pueblo”

Rememora: “Esta tiene sus antecedentes en una ermita establecida en Managuaco en 1692, posteriormente movida a Las Guasumas en 1709, y fijada en 1716 en Cayo Llano, sitio sobre el que se establecería la población de San Isidoro. La relación de los indios con Managuaco encuentra apoyo además en investigaciones arqueológicas que sugieren su presencia en una locación asociada a dicha hacienda, a fines del siglo XVII o inicios del XVIII”.

De cualquier modo, afirma, una evidencia definitoria se halla en el mismo pueblo, en los bautizos de niños indios realizados en la parroquial entre 1732 y 1735, previos a la visita que los ignora. Al menos 25 niños con esta condición son bautizados lo que corresponde aproximadamente al catorce por ciento del total de bautizos. Considerando la previa presencia de indios es poco probable que todos los padres de estos niños llegaran al pueblo tras su conformación.

“Detrás de estos niños hay familias, padrinos, amigos, toda una comunidad que debió participar en la acción fundacional y que para 1735 en parte reside en el pueblo. Es probable que su fisonomía los distinguiera pero sus nombres y el acto de bautizo reflejan el ajuste a la normas de la sociedad colonial: Carlos, Catharina de San Matheo, María Manuela, María del Rosario, Grasiana, Luis Venancio, Santiago Joseph. Serian criollos buscando su lugar en un entorno difícil, que por regla tendía a discriminarlos, empujándolos a los puestos más bajos, las tareas más difíciles, los lugares más aislados”.

El documento valorado por Valcarcel sugiere en su opinión, el intento de ocultar al indio residente en el pueblo o en lugares próximos para facilitar la consecución del título ambicionado. Los indios de Jiguaní y El Caney creaban problemas con sus reclamaciones sobre tierras y derechos de gobierno. La corona podía temer un proceso similar si se admitía una presencia importante de indios en Holguín, y la elite local y de Santiago, no estaba dispuesta a correr riesgos.

En fin, Holguín nacía ignorándolos aunque otros documentos, como los bautizos, establecían con total certeza la presencia india en el nacimiento de la hoy Ciudad de los Parques. Es largo el camino investigativo aún por recorrer. En eso andamos.

Fuente: http://www.ahora.cu/secciones/holguin/23819-en-busca-de-nuevos-horizontes

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