Notas para una reseña de Milton Pino Rodríguez

Por: Alexis Rives
Especial para Cuba Arqueológica

El fallecimiento de Milton Pino Rodríguez (MPD) obliga a recordar lo que ha significado su aporte a las investigaciones arqueológicas en Cuba. Es el inicio de una zooaqueología moderna en el ámbito nacional y que se proyecta en el entorno geográfico inmediato. Su trabajo: “Excavaciones en Cueva Funche, Cuanahacabibes, Pinar del Río” marca un hito importante en esos estudios. Antes, en Cuba y en el ámbito caribeño, las referencias a los restos alimenticios que consumían los aborígenes eran meras anotaciones puntuales. Incluso trabajos anteriores como las “Excavaciones en Arroyo del Palo, Mayarí, Holguín” hacían mención a los restos alimenticios de manera general y solo mediante presencia/ausencia de dichos aspectos puntuales, lo cual de todos modos significaba un avance respecto a trabajos anteriores.

La dirección de las investigaciones arqueológicas en Cuba, con una concepción histórico materialista que permitiría enfocar la vida de los habitantes de Cuba antes del arribo de los europeos desde un verdadero punto de vista científico, orientó estrategias investigativas en todos los aspectos de la disciplina. A MPD le correpondió iniciar y desarrollar los estudios zooarqueológicos desde una estrategia realmente científica: la identificación de las especies del reino animal halladas en los yacimientos arqueológicos y su conteo estadístico, lo cual significaría una verdadera revolución en el conocimiento de la vida de los aborígenes del archipiélago. A partir de ese momento MPD se convertiría en el principal referente de esas investigaciones en Cuba y en el resto del Caribe. 

Más tarde, se experimentaron algunas estrategias de mayor complejidad en el estudio de los restos alimenticios por otros investigadores cubanos, pero se respetaban los logros esenciales de los trabajos pioneros de MPD: la identificación y el procesamiento estadístico de la información, pero a largo plazo el método básico utilizado por MPD ha continuado implementándose gracias a su sencillez y eficacia. Hay que resaltar la seriedad y discreción científica que caracterizaron la labor abnegada de MPD en la ejecución de esas tareas, la creación de un banco de datos comparativos de las especies y su colaboración con los mejores biólogos y paleotónlogos e instituciones relacionadas, para el logro de una identificación cada vez más precisa de las especies halladas en los yacimientos.

MPD ha tenido que ver prácticamente con la mayor parte de las investigaciones que afrontaban el estudio de los restos alimenticios en lo sitios aborígenes, hasta la preparacion de otros investigadores que han seguido sus pasos, en el ámbito profesional y en el de los aficionados. MPD, un arqueólogo integral, ha estado presente en los descubrimientos y trabajos arqueológicos más importantes hasta el presente. Téngase en cuenta solo algunos momentos destacados: los trabajos en Cueva Funche, Guanahacabibes, la excavación más profunda de las Antillas, en el sitio arqueológico Victoria I en Camagüey, uno de los relatores del informe de esa importante excavación, los trabajos en los sitios de Seboruco y Levisa, en Mayarí, donde el estudio de los restos alimenticios permtió comprender el proceso de transculturación que existía en esos enclaves. Sus ecos personales, además de en múltiples trabajos investigativos, se constatan en los registros radiocarbónicos de los sitios del archipiélago y en el Censo Arqueológico Nacional; hasta el punto que la Arqueología de Cuba no se puede escribir sin el nombre de MDP.

Su carácter bondadoso y correcto ha sido el vehículo que ha posibilitado su paso discreto pero brillante en el devenir de la Arqueología Cubana que le rinde merecida recordación como uno de los más destacados arqueólogos cubanos de la segunda mitad del siglo XX y de las primeras décadas del XXI.

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