Luis Chanlatte Baik: Una vida dedicada al rescate de nuestras historias milenarias

Luis Chanlatte Baik: Una vida dedicada al rescate de nuestras historias milenarias

Por: Colectivo Arqueológico Boricua
Especial para Cuba Arqueológica

Hoy lamentamos la pérdida del insigne investigador Luis Chanlatte Baik, quien por más de medio siglo fue uno de los pilares de la arqueología antillana.  Quisqueyano de nacimiento y boricua por adopción, don Luis produjo algunas de las propuestas más revolucionarias planteadas en el último medio siglo en la arqueología caribeña, provocando intensos debates en torno a la configuración del paisaje cultural precolombino de nuestras islas.  Su arqueología fue una visceral, posicionada y proyectada desde las Antillas, que emanaba de su profunda articulación con el paisaje natural y cultural de nuestro archipiélago. 

Su labor académica inició en 1945 cuando completó sus estudios universitarios en el Instituto de Investigaciones Antropológicas de la Universidad Autónoma de Santo Domingo, donde fue ayudante de su director, José María Pérez Sánchez.  Posteriormente, continuó sus estudios bajo la tutela del célebre profesor de antropología de la Universidad de la Habana en Cuba, Dr. René Herrera Fritot, y de Emile de Boyrie Moya, fundador del Instituto de Investigaciones Antropológicas y arqueólogo titular de la Universidad de Santo Domingo.  Luego tuvo la gran oportunidad de realizar trabajos arqueológicos junto al distinguido arqueólogo venezolano José M. Cruxent, del Instituto Venezolano de Investigaciones Científicas (IVIC), con quien dirigió un proyecto de reconocimiento arqueológico de la isla de Jamaica auspiciado por la UNESCO y el Institute of Jamaica. También realizó importantes investigaciones de contextos arqueológicos precoloniales en Venezuela.

Posteriormente, sirvió como asesor técnico del Museo Nacional de la República Dominicana y del Instituto de Investigaciones Antropológicas de dicho país, donde realizó una encomiable labor investigativa, tanto en contextos coloniales como precoloniales.  Entre sus trabajos en torno a la historia indígena de la República Dominicana se destaca la documentación de uno de los sitios de mayor antigüedad descubiertos en esa isla hasta el momento, Barrera Mordán, con fechas que se remontan aproximadamente a 4500 a.P. También, laboró en las excavaciones del poblado costero de la Caleta en donde identificó una necrópolis indígena, hallazgo que propició la construcción del Museo-Panteón en dicho lugar. Su destacado historial de investigaciones en contextos coloniales de la República Dominicana incluyó trabajos en la casa-fuerte del conquistador Juan Ponce de León, en el Presbiterio de la Catedral Primada de América en Santo Domingo y en la Isabela, la primera ciudad española de las Américas.

Cargado con toda esta experiencia, llegó a Puerto Rico en 1965 para colaborar en el Centro de Investigaciones Arqueológicas de la Universidad de Puerto Rico en Río Piedras, dirigido en ese entonces por el Dr. Osiris Delgado.  Tras asumir las riendas de dicha institución en 1968, efectuó excavaciones arqueológicas en varios sitios de gran importancia incluyendo Monserrate (Luquillo), Las Cuevas (Trujillo Alto), Hacienda Grande (Loíza), Punta Ostiones (Cabo Rojo), Tecla (Guayanilla) y Caguana (Utuado).   Además, tuvo la oportunidad de trabajar en contextos históricos como Duey Bajo (San Germán), Hacienda Florida (Yauco) y la Iglesia de Nuestra Señora de la Monserrate de Hormigueros, entre otros.   Todos estos trabajos le sirvieron tanto para construir una perspectiva revitalizada acerca de las ocupaciones precoloniales de Puerto Rico como para levantar una valiosa y diversa colección arqueológica.  Con el fin de exponer este material al público general participó en la gestación de la sala indígena del Parque de las Ciencias de Bayamón. 

En 1977 comenzó sus excavaciones en el Barrio La Hueca en Vieques, donde descubrió los vestigios de una manifestación cultural nunca antes documentada en la Isla ni en el resto del Caribe insular, a la que bautizó como cultura La Hueca o Huecoide.  Este hallazgo forzó a que se revisara y se redefiniera el conocimiento arqueológico sobre la secuencia cultural precolonial de nuestra isla y del resto de las Antillas.  Hasta ese momento, el modelo hegemónico, según propuesto por el Dr. Irving Rouse de la Universidad de Yale, establecía que se había registrado una sola ola migratoria de grupos ceramistas al arco antillano, proveniente del Orinoco en el noreste de América del Sur.  Según este modelo, estos grupos, conocidos como los Saladoide o Igneri, fueron los únicos precursores de la cultura Taína tras eliminar a las llamadas sociedades arcaicas que en ese entonces se encontraban en las Antillas.  No obstante, el hallazgo de la cultura La Hueca llevó al Dr. Chanlatte Baik a postular que esta nueva manifestación cultural representaba otra migración de grupos agro-alfareros anterior a los Igneri, cuyos orígenes él los trazaba, no al Orinoco, sino al noroeste y centro de la zona andina en América del Sur. 

Al ir contra las doctrinas arqueológicas aceptadas por la mayoría de los investigadores de ese momento, el original postulado teórico del arqueólogo Chanlatte Baik se enfrentó duramente al sector arqueológico establecido, ante el cual este investigador mantuvo su aplomo y verticalidad, siempre con el apoyo de su colega y principal colaboradora, la destacada zooarqueóloga Yvonne Narganes Storde.  Desde entonces, podemos decir que una parte de la arqueología antillana y puertorriqueña se ha dividido entre los que mantienen la visión propuesta por el Dr. Rouse y los que nos adscribimos a los pronunciamientos de este distinguido arqueólogo quisqueyano.  Más allá de la contribución académica del hallazgo, esta controversia logró levantar la arqueología del letargo teórico en la que se encontraba sumida, generando una renovada efervescencia investigativa en las Antillas y en Venezuela.  Además, como nos advirtió en numerosas ocasiones el arqueólogo Chanlatte Baik, este descubrimiento demostró la necesidad de mantener una mente abierta en nuestra disciplina ya que en la ciencia no hay nada escrito en piedra, filosofía que dirigió la trayectoria investigativa de este distinguido académico.

Esa misma óptica lo llevó también a postular un nuevo modelo etnogenético para la cultura Taína que distaba mucho del planteado anteriormente por investigadores como el Dr. Rouse y el Dr. Ricardo Alegría.  Basándose de manera importante en sus trabajos en el yacimiento arcaico llamado Puerto Ferro, en la isla de Vieques, cuyas fechas se remontan a 4800 a.P., este investigador planteó que las sociedades originarias de las islas no fueron eliminadas por las oleadas migratorias de grupos agro-ceramistas, sino que, debido a sus interacciones con dichos inmigrantes, las sociedades arcaicas se desarrollaron hasta generar diversas manifestaciones culturales que han sido incluidas bajo el concepto sombrilla de “Taínos”.  Este carácter protagónico brindado a los verdaderos descubridores de Puerto Rico y del resto del Caribe insular, quienes a través de sus interacciones con grupos posteriores estimularon la emergencia de lo que el Dr. Chanlatte Baik llamó el “Formativo”, también chocó con la visión compartida por la mayoría de los investigadores de la zona con respecto a la idea de que los ancestros de los Taínos fueron exclusivamente los Igneri o Saladoide.   

Las aportaciones de Chanlatte Baik han sido presentadas en ponencias foros tanto locales como internacionales, entre los que se destaca su constante y activa participación en los congresos de la Asociación Internacional de Arqueología del Caribe, los cuales favorecía por su carácter regional.  Sus trabajos escritos incluyen trece libros y catálogos de exposiciones en museos. Igualmente, su trabajo ha sido expuesto en varios artículos de revistas científicas y volúmenes especializados, entre los que se destaca la publicación de la obra “Agricultural Societies in the Caribbean: The Greater Antilles and the Bahamas.”, incluida en el libro General History of the Caribbean (vol. 1), y “Huecoid Culture and the Antillean Agroalfarero (Farmer-Potter) Period.” en el Oxford Handbook of Caribbean Archaeology.  Los resultados de sus investigaciones también han sido ampliamente reseñados en la prensa local.

Los méritos de este destacado arqueólogo no se limitaron a su labor investigativa, pues también incluyen su incesante gestión para apoyar el desarrollo de la nueva generación de estudiosos de nuestro pasado.  Este investigador compartió su amplio conocimiento sobre las culturas pretéritas del Caribe y puso a la disposición de estudiantes e investigadores de las Antillas, de Europa y de los Estados Unidos los materiales arqueológicos provenientes de sus excavaciones para realizar diversas tesis de maestría, de doctorado y otras investigaciones.  Estos investigadores incluyen a Jaime R. Pagán Jiménez, Edwin Crespo Torres, Paola Schiappacasse Rubio, José R. Oliver Zamorano, Madeliz Gutiérrez, Reniel Rodríguez Ramos, Soraya Serra, Antonio Martínez, Gary Toranzos, Raúl Cano, Tasha Santiago Rodríguez, Erileen García Roldán, Rosanna Wiscowich, Dominique Bonissent y Sebastiaan Knippenberg, entre muchos otros.

Aunque estas líneas dedicadas a mostrar algunas de las más importantes contribuciones del Dr. Chanlatte Baik no bastan para hacerle justicia a su enorme legado a la arqueología caribeña, esperamos que al menos logren enunciar la marcada influencia que han tenido sus ideas para todos los que tuvimos la suerte de beneficiarnos de sus enseñanzas. Su obra, más las relaciones personales y directas que sostuvimos con él, nos han servido como fuente de inspiración y dirección para desarrollar nuestras investigaciones sobre las historias milenarias compartidas a través del Mar Caribe.  De hecho, por las contribuciones antes mencionadas, en el 2006 el Senado y la Cámara de Representantes del Estado Libre Asociado de Puerto Rico reconocieron su labor con resoluciones de felicitación y reconocimiento por su importante contribución al conocimiento de los primeros capítulos de nuestra historia.  Su gestión también tuvo como resultado que se le dedicaran actividades multitudinarias, como el Congreso Internacional de Arqueología del Caribe celebrado en Puerto Rico (2013).  En la República Dominicana se le dedicó el VI Congreso de Arqueología y Antropología celebrado en Santo Domingo, así como un volumen del Boletín del Museo del Hombre Dominicano (no. 47).  Por su destacada trayectoria académica, se le otorgó además un Doctorado Honoris Causa en el Recinto de Utuado de la Universidad de Puerto Rico. 

A don Luis, como arqueólogos boricuas y hermanos antillanos, le estaremos eternamente agradecidos por marcarnos con su sapiencia y enseñarnos con sus acciones.  Hasta siempre, maestro.

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