¿Todavía tenemos aborígenes en Cuba?
La fundación del poblado de Jiguaní hace 310 años, el 25 de enero de 1701, cuando hipotéticamente ya no había indios en Cuba, despierta aún esta interrogante.

Mercedes Quesada, una natural de Jiguaní que conserva algunos rasgos de los indígenas, confesó hace varios años que en los lugares en los que ha vivido nunca ha faltado el caney. Foto: Juventud Rebelde
JIGUANÍ, Granma.— Tal vez a estas alturas, en pleno siglo XXI, la pregunta que titula estas líneas pudiera parecer fuera de lugar, pues bastante se ha repetido que aquellos pobladores primigenios del archipiélago quedaron exterminados prontamente por el látigo, las enfermedades y la espada de los colonizadores.
Sin embargo, en este pedazo de Cuba nombrado Jiguaní, la interrogante acaso no se mire como un disparate. Porque aquí —para asombro de los forasteros— aún se respiran ciertos aires indígenas.
Tales ambientes están relacionados con la comida, las costumbres, la artesanía y hasta con los rasgos físicos de muchas personas.
La sorpresa está vinculada también a la historia: este poblado, fundado el 25 de enero de 1701 —cuando hipotéticamente ya no había indios—, nació aborigen.
«Este lugar es una de las excepciones de Cuba. Mientras el resto de las villas, comenzando por Baracoa, se fundaron por deseos de los españoles, Jiguaní se creó por interés del indio Miguel Rodríguez, oriundo de Bayamo, quien junto al cura Andrés Jerez, decidió reconcentrar aquí, para protegerlos, a los naturales dispersos de estos territorios, situados entre los ríos Contramaestre y Cautillo», señala el historiador local Hugo Armas, quien lleva más de 30 años investigando sobre el legado aborigen en la región.
Él subraya que la zona, a principios del siglo XVIII era idónea como refugio de los indígenas que huían de la persecución de los colonizadores. Por eso, se estima que el curato de Jiguaní fue fundado, después de la aprobación de las autoridades de la metrópoli, con más de 20 familias indias.
Y si bien es cierto que otros dos pueblos —Caney y Guanabacoa— surgieron con rostro indígena, luego cambiaron su fisonomía debido a las migraciones negras, convirtiéndolos en sitios en los cuales lo aborigen fue desplazado.
Indios puros
¿Hasta cuándo hubo «indios puros» en Cuba y específicamente en Jiguaní? La pregunta es difícil de responder porque la mezcla de razas sobrevendría inevitable con el tiempo.
Pero Hugo Armas señala un fenómeno peculiar de la comarca: familias enteras como los Ferrales, Rivero, Reyes, Quesada, Anaya, Aguilera, Aguilar, Garcés, Leyva, Reyes, Sosa, Fuentes y Andino —todas con rasgos aborígenes— se entrecruzaron entre sí hasta una cuarta generación, y dieron lugar a grupos muy parecidos racialmente. Hoy, incluso, descendientes de estas parecen indios «puros», cosa de la que, con razón, se vanaglorian.
Lo cierto es que Jiguaní, en 1818, dejó de ser, por decreto de España, pueblo aborigen. Pero 18 años después, como bien señala el investigador, había pruebas de la existencia de indígenas, pues ese año el alcalde Miguel Íñiguez, ascendiente de Lucía Íñiguez (la madre de Calixto García), planteó la «necesidad de mantener a los protectores de los indios».
No obstante, más allá de la fecha de extinción de la raza, lo que importa es darnos cuenta de toda la huella aborigen que tenemos ante los ojos.
Por ejemplo, en los caseríos de La Seca, Santa Cruz, Palmarito, Cañadón, Monte Alto y la Seiba (con «S») y el propio Jiguaní, habitan personas como Miguel Fajardo, de 96 años, que hablan con orgullo de sus antecesores primitivos:
«Mi tía pasaba el día fumando o mascando tabaco, tenía el pelo largo y negro y la piel cobriza, tomaba café en una vasijita de güira, comía mucho casabe y usaba zapatos tejidos», cuenta él con alegría.
Mientras, la anciana Mercedes Quesada expresa con aires de satisfacción: «En el patio de las casas en que he vivido nunca ha faltado un caney, y siempre hemos tenido afición por la hayaca, plato elaborado a partir del maíz».
Hugo Armas agrega que en la zona existen otros preparados a partir de ese grano, como el atol y el revuelto (en este se condimenta la harina y se añade carne, en aquel tiempo preferentemente de jutía) y el ajiaco (cocer viandas y carne en una misma vasija).
Y acota que, además de la cultura culinaria, hay una «gran tradición de elaborar cestos, jibes, zapatos y otros utensilios a partir de fibras de plantas», tal como lo hacían los indios cubanos.
Otras huellas
Siempre se ha dicho en Cuba que «el que no tiene de congo tiene de carabalí», frase con la que se acuña nuestra ascendencia africana y el consiguiente mestizaje negro-europeo.
Pero con regularidad se olvida que en un principio los colonizadores debieron unirse y tener hijos con indias, no con africanas. En esa interacción las madres, siempre más cerca de los vástagos, tuvieron que transmitir, aunque fuera furtivamente, sus tradiciones y hasta parte de su léxico.
Este tipo de mezcla, luego desaparecida como tendencia por la llegada de numerosos negros, se mantuvo, sin embargo, en estas regiones del valle del Cauto.
Hoy en esta región de Cuba se emplean vocablos como: tubonuco (azul se asienta cerca del ojo), nacío (cosa dura está ahí), sabana (pocos árboles dentro), ñata (no hecha), manía (no gusta al indio), areíto (mejor paso del indio en la noche) y otros con significados no traducidos al arauco: hayaca, sobaco, cutara, macana, fututo, jigüe, caguayo, bayoya, güira, guayaba, yagua, guano, yarey, entre otros.
Y la toponimia resulta abundante en términos aborígenes: desde el propio Jiguaní (río de oro), hasta Bayamo, Guacanayabo, Yara, Babatuaba, Babiney, Cupaynicú, Maboa, Macanacú, Jatía, Mabay, Jagua, Casibacoa, Cupey, Ceiba, Vija, Pepú…
Entre los aportes que nuestros primitivos dejaron están las construcciones basadas en el empleo de la tabla de palma y la yagua. No se ha de olvidar que constituyeron el núcleo de lo que más tarde sería el campesinado. Ellos dejaron para la posteridad los llamados caneyes, construcción de guano de ocho lados, aún presente en unas pocas viviendas de Jiguaní y en lugares recreativos de Bayamo. Incluso, una instalación de las más concurridas por la población en esa ciudad lleva justamente ese nombre: Los caneyes.
Otros tres elementos de la cultura material de aquellos antepasados han vivido hasta hoy y, acaso porque se han hecho universales, no reparamos en su procedencia: el tabaco, la hamaca y la canoa.
Agreguemos algunas de las leyendas fantásticas conocidas hoy, como las del jigüe o güije, que tienen raíces aborígenes. Para nuestros primitivos el jigüe (la etimología de la palabra dice mucho) era un duende enano que hacía que se perdieran los caminantes en lugares cercanos a ríos o lagunas, en los que él tenía su hábitat.
Y nos inclinamos a que debió ser jigüe, como se dice en Jiguaní y otras regiones orientales, y no güije, que es la expresión de la parte occidental donde la herencia aborigen fue menor.
Con la leyenda del jigüe pasó como con la de la Virgen de la Caridad: el enano, con el tiempo, se convirtió en negrito, lo que hizo pensar equivocadamente en su procedencia africana.
Otro de los cautivadores mitos de los taínos que traspasó centurias está relacionado con los llamados cagüeiros, leyenda aún viva en Jiguaní, Bayamo y zonas colindantes. Los cagüeiros eran hombres capaces de convertirse en animales, transfiguración inherente a la mitología de los indios.
«Para ellos, como explica el prestigioso investigador Aldo Daniel Naranjo, muchos seres animados o inanimados poseían propiedades sobrenaturales: las piedras podían hablar, los árboles cantar».
También de ese mundo religioso, del que a veces se dice no quedó nada, proviene el llamado espiritismo de cordón.
Otra huella tangible está en la manera descriptiva e informativa de expresarse de cientos de pobladores de Granma, Las Tunas y Holguín; como también resulta peculiar la forma de entonar la lengua, con cierta musicalidad, diferente a otras regiones del país, musicalidad que se les debe obviamente a los naturales antillanos.
Además, aún en el lenguaje tropológico de la región se aprecia esa sombra indígena, como señaló la especialista en lingüística Libia Peña Roblejo. Frases como «te comiste la guayaba», comunes aquí, merecen su interpretación. Maquetaure Guayaba, era el dios de los muertos, de los ausentes; y las guayabas eran los alimentos predilectos de las opías: los muertos.
Hoy Jiguaní, después de 310 años justos de vida, no tiene el rostro aborigen como aquel que surgió con el nombre original de San Pablo de Jiguaní. Y muchos de sus pobladores ni siquiera recuerdan la raíz india del pasado. Sin embargo, otros cientos sí viven orgullosos de sus ancestros. Ellos saben que laten en el centro de una historia que los hace únicos, llenos de leyendas hermosas que deberíamos apuntalar más allá de la fecha de la fundación.
Fuente: http://www.juventudrebelde.cu/cuba/2011-01-24/todavia-tenemos-aborigenes-en-cuba/







¿Todavía tenemos aborígenes en Cuba?
Estimado Alfredo:
Como hemos venido intercambiando intermitentemente, el tema de las noticias que salen en la prensa siempre hay que tomarlas con precaución, pues suelen estar acompañadas de errores o desactualizaciones (a veces demasiado). En este caso, es bueno que tengan la opinión de un historiador y una lingüísta, aunque si hubiera tenido también la de un arqueólogo se hubieran rescatado los precedentes más importantes.
Sobre este tema se publicaron varios estudios de Manuel Rivero de la Calle también a principios de la década de 1970, especialmente de Yateras, no solo en revistas científicas, sino también en la prensa.
Yo creo que uno de los problemas está precisamente en la incorporación de las investigaciones (en este caso las arqueológicas) a la enseñanza de la historia de Cuba.
Creo que está muy bien el hecho de que se publique la nota en la prensa, en este caso por la conmemoración de otro aniversario del poblado de Jiguaní; eso divulga un poco más la historia y el interés que se debe prestar al patrimonio, ya sea tangible o intangible.
Lo que falta es un poco más de investigación, ver los antecedentes que existen y sí hacerlo noticia, pues es una realidad que aunque se hayan publicado muchos estudios sobre el tema desde hace 40 años, la sociedad (en sentido general) en muchas ocasiones desconoce esta parte de nuestra historia.
Saludos cordiales,
Odlanyer Hernández de Lara
Ver artículos en Biblioteca [enlace]
Aborígenes en Cuba
Odlanyer
Estuvimos intercambiando algo cuando estaba en Venezuela de corresponsal de Prensa Latina. Ya estoy de regreso en La Habana y me gustaría retomar el contacto con Cuba Arqueológica que me resulta de gran interés. Ciertamente creo que el tema de los aborígenes en Cuba ha estado descuidado por los estudiosos. Algunos investigadores como Esteban Emilio Mosonyi, con quien hablé sobre esto, coinciden en que no se puede eliminar totalmente una cultura como la de nuestros aborígenes, pero la persecución y la represión los obligó a no reconocerse a si mismos para sobrevivir y aislarse en zonas de difícil acceso. En mi blog http://caribana.blogia.com hay una entrevista con Mosonyi que aborda este tema así como la posible recuperación del idioma taíno (Hablemos taíno, se llama el artículo). Me parece muy interesante lo que dice tambien en defensa del mercadeo con artículos de inspiración indígena partir de la expriencia den Dominicana y Puerto Rico, algo que no sucede en Cuba o se hace de forma muy limitada. Por último una opinión sobre los comentarios anteriores: creo que los periodistas, sin ser especialistas podemos impulsar el conocimiento y los esfuerzos por re-descubrir a nuestros aborígenes. He visto varios trabajos sobre el tema y estoy seguro que en el futuro habrá más, o por lo menos debe haber, porque el tema los merece
¿Todavía tenemos aborígenes en Cuba?
Estimados colegas:
En este tema, la rueda siempre se descubre de nuevo cada tantos años. Yo publiqué un artículo en 1971 cuyo tema fue la supervivencia de los aborígenes cubanos, y así otros que a lo largo de los años siguen arando el mar, pero nadie todavía se da cuenta de que quedan bastantes "indios" en Cuba, sobre todo en el oriente de la isla.
Hace poco fui a una reunión de gente de Jiguaní, y lo primero que vi fue que buena parte de los asistentes eran del tipo "Amazónido" de Egon von Eickstedt racialmente, así que a simple vista esto se ve bastante claro; igual pasa con nativos de partes de la provincia de Guantánamo, de Baracoa, de El Caney, ciertos habitantes de la Ciénaga de Birama, de partes de los alrededores de Holguín, etc.
Creo que los periodistas van a seguir "asombrados" por este asunto por décadas venideras.
Naturalmente, que el primer stratum de mestizaje en Cuba fue entre españoles e indios. Y aunque uno ponga mucho empeño, raramente se puede extinguir un grupo humano completo. Digo, porque los españoles hicieron todo lo que fue posible, igual que los mongoles en China.
Pero la fábula persiste, de la "extinción de los indios", tanto en Cuba, como en Santo Domingo y Puerto Rico, y en todos estos lados el substratum aborigen en la actual población es obvio a los antropólogos físicos y aún a los geneticistas.
Lo de "indio puro" es una bobería popular: nunca existió una raza humana "pura", que yo sepa en ningún lugar. Y eso de que "el que no tiene de congo tiene de carabalí" es una grosería vulgar.
"Jigüe" es el término correcto; vive asociado a "la madre de las aguas", que es un majá (Epicrates angulifer). No es "güije".
Pero este artíclo tiene bastantes méritos, sobre todo en el caso específico de Jiguaní, que los historiadores cubanos siempre recordaron como una fundación de los aborígenes.
Cordialmente,
Alfredo E. Figueredo
Estimado Odlanyer, Tienes
Estimado Odlanyer,
Tienes mucha razón que es mejor de que la prensa hable de esto y no que lo ignore.
Y hay observaciones muy sagaces en el artículo, como que el caney es octagonal y el jigüe originalmente indio; lo de los largos cabellos negros ya era un indicio poco africano...
Otra cosa que se debe resaltar es que, aunque separados en el espacio, en los años sesenta y setenta estábamos en contacto mi gran amigo Manuel Rivero de la Calle y yo, así que los dos íbamos más o menos en la misma dirección.
Otros de los grandes precursores en estas cuestiones son naturalmente Felipe Pichardo Moya, Carlos García Robiou y mi maestro Carlos M. Raggi Ageo.
Hoy, después de tanto insistir en la supervivencia de los elementos indígenas en todo el Caribe, me complace el reconocimiento que recibí de parte de los activistas indígenas de Trinidad y Tabago, que mi colega Stephen Glazier y yo defendimos su persistencia a través del tiempo contra quienes decían que "ya estaban extinguidos".
Así que los poetas ciboneyistas no estaban tan despistados, y fíjate que hay Fajardos "indios", lo cual nos recuerda al Cucalambé, que era Fajardo de parte de madre y que un Fajardo, cura después de viudo, lo educó.
Cordialmente,
Alfredo E. Figueredo