José A. García Castañeda: pensar el museo cubano

Por: David Julián Gómez Iglesias.

Artículo publicado en: Revista de Historia, No. 2, año 2011. Holguín, Cuba. Fuente: http://www.baibrama.cult.cu/instituciones/patrimonio/revista/r_artic.php?idarticulo=54

Hablar sobre Museología en eventos organizados desde el Patrimonio, resulta hoy una constante; referirse a las distintas problemáticas de esta ciencia en otros escenarios es una rareza que necesita convertirse en cotidiana, dada la importancia que el museo posee en nuestra cotidianidad. 

De ahí que estudiar la existencia de un pensamiento museológico cubano tras el triunfo de revolucionario, es básico para mostrar los aportes que la escuela cubana le ha hecho a la Museología. Sobre todo, la vocación popular que, a partir de 1959, comenzó por abrir las puertas de esas instituciones para disfrute de toda la población, continuó al crear nuevos museos y logró la democratización definitiva del museo con la aprobación de la Ley No. 23, de los museos municipales, con lo cual los diseminó por todo el país y los relacionó con los distintos niveles de enseñanza. 

Para estudiar ese pensamiento museológico es imprescindible buscar los antecedentes en los que se sustentan esos modos de hacer de la Museología cubana. Ello nos permitirá fundamentar esas ideas, establecer los nexos de continuidad y percibir las características del antes y el después de estos saberes; a la vez, se podrá reconocer a aquellos que, sin apoyo oficial, realizaron una labor tan encomiable como escasa en aquella república burguesa y llegaron a pensar el museo cubano.

El holguinero José A. García Castañeda fue uno de esos antecedentes. Nacido el 22 de septiembre de 1902, bajo el signo de la república, creció rodeado de objetos de arqueología que su padre clasificaba y catalogaba con interés científico, hasta atesorar la más importante colección de su tipo, hacia la década del 20 del siglo XX, citada por el sabio cubano Fernando Ortiz en su texto Historia de la Arqueología Indo cubana.

El proceso de formación y maduración de Pepito tuvo ese incentivo, que lo inclinará inicialmente hacia el coleccionismo del patrimonio natural, para en 1927 plantearse el propósito de fomentar un museo de Historia Natural (1). Su labor en esta área científica es tan constante y amplia que en 1931 aparece en el Directorio Mundial de Naturalistas. Pero no fue solo en esta especialidad, José Agustín se había graduado de Abogado y Notario en 1923, en la Universidad de La Habana y fue nombrado Notario en Holguín en 1928. Ya en el año 1926 participó en la primera excavación y estudio de un sitio arqueológico en el Cerro de Yaguajay, y a partir del 27 se dedica a la prospección arqueológica para que su padre realice la clasificación y catalogación.

La participación de García Castañeda en la actividad museológica, vinculado a su padre, tiene su punto de partida con la muestra de piezas aborígenes, denominada Museo Siboney, en la primera Exposición Agrícola, Industrial y Arqueológica de Holguín, en abril de 1930, fecha en torno a la cual damos por inaugurado el museo García Feria. Esta institución cultural privada tuvo onda connotación en los holguineros de su época y en personas de otros territorios, así como en hombres de ciencias que lo visitaron. Parejo a esta labor, corrió su quehacer como historiador y en otras esferas científicas.

Pero cabría preguntarse ¿qué corriente de pensamiento sustenta el actuar científico de García Castañeda? Según investigadores locales, a García se le puede ubicar entre los historiadores positivistas, en virtud de que su obra es básicamente descriptiva, o sea, que responde al cómo ocurrieron los hechos. Pero cuando uno se adentra en sus textos y diversos escritos, se encuentra con que trata de responder el porqué, en el sentido de buscar las causas del ser holguinero. Ello puede tener su explicación en que el positivismo en sus orígenes “/…/ se va a empeñar en comprobar y fijar leyes, aún en los conocimientos sobre el hombre, y funda una nueva ciencia, la sociología, /…/” (2) cuyo propósito era el de reformar a la sociedad. Y esta intención reformadora está implícita en su pensamiento museológico; por otro lado, el museo posee una vocación transformadora.

Ahora bien, pudiéramos preguntarnos ¿de dónde le vendrán sus concepciones museológicas? Antes de responder a esa pregunta, primero hay que explicar que la Museología no había alcanzado la categoría de ciencia, ni sus postulados se habían diseminado en la década del 40. En 1980, el estudioso Jiri Neustupny planteó las características de la museología general donde sus principios tienen valor general: y especializada, en la que esos principios se adaptan a las diferentes disciplinas. (3) Pero es válido aclarar que José Agustín no habló de la ciencia, sino del museo que es la base institucional en la cual aquella se asienta para establecer sus fundamentos teóricos y metodológicos.

Un segundo elemento está en valorar la conceptualización que sobre el museo realizó, en 1946, el Consejo Internacional de Museos (ICOM): en su momento esta organización reconoció como museo “/…/ aquellas instituciones que coleccionan, investigan y exhiben testimonios materiales del hombre y la naturaleza con fines de estudio, conservación, educación y acción cultural.” (4)

¿Cómo comprendió García Castañeda las funciones que tenían los museos? Sus ideas las dejó plasmadas en un folleto titulado Cómo lograr la efectividad de la labor educacional encomendada a los museos. En este texto, al criticar que los museos en Cuba sólo cumplan parte de su labor como institución cultural, expresa: “De lugares destinados a estudios y discusiones sobre las ciencias, artes, letras, según su origen, han pasado a constituir los indicados almacenes de antigüedades, /…/, dedicándose a adquirir, conservar y exhibir, exclusivamente, /…/”(5) Esto es, al valorar que esos museos sólo realicen algunas funciones, lista varias de ellas que coinciden con las enunciadas por el ICOM un año después; y, al quejarse de que la de estudio no la cumplan, vuelve a coincidir, porque tanto uno como la otra, consideran que es precisamente esta última la que convierte a aquellos ---los museos--- en centros de enseñanza que desarrollan una especial labor educacional.

El doctor García, en su folleto, también contempló diversas “cualidades” que debían concurrir para que el museo cumpliera con su propósito de producir conocimientos:

1. Radicar en edificios construidos expresamente para ellos por “personas expertas ---entiéndase arquitecto/museógrafo---, y “de acuerdo con la índole de los objetos que en ellos se exhibirán.”

Esta es una práctica que hoy día sigue siendo deseable, aunque escasa, por la cantidad de recursos que deben manejarse. García Castañeda debió conocer que desde el siglo XIX se venían construyendo edificios para museos. No obstante, lo que si supo, por los vínculos que él y su padre sostuvieron con dos de los directores del Museo Bacardí, es que ese edificio fue construido en e instalada la exposición en 1928. 

2. Al frente de esos museos deben estar “entendidos y entusiastas conservadores.”

Al profesor García no se le escapa la importancia que tiene el individuo que esté al frente de una institución museal, por los propósitos educativos inscritos entre sus acciones. De acuerdo con su visión deben combinarse en esa persona las características de un líder con los contenidos que se le dan a la gestión museal,

3. Los objetos “deben estar colocado en orden progresivo y por materias y buenas notas explicativas.”

Con este planteo nos está colocando la idea de que para trasladar un mensaje, hay que elaborar un discurso coherente y armónico con los temas planteados; sin embargo, eso no sería suficiente si no se efectúa la interpretación de la información contenida en los ejemplares expuestos, a través de “buenas notas explicativas”. Estamos ante una de las problemáticas actuales de la Museología.

4. “Los objetos deben estar colocados en vitrinas apropiadas, con la luz necesaria y en forma tal, que el visitante se dé perfecta cuenta del objeto o del ambiente en que éste desenvolvió sus actividades.”

Aunque no utiliza el término Museografía, es evidente que lo planteado incursiona en este campo; y resalta, entre otros, dos elementos fundamentales en cualquier propuesta museográfica: la luz y la contextualización del exponente. Esta última idea es básica, si se tiene en cuenta que en la actualidad se sabe que el objeto, al convertirse en museable, sufre una metamorfosis que lo extrae de su contexto; y, al exhibirlo en una muestra, es necesario recrear ese “ambiente” para que los públicos reciban mejor el mensaje que se le transmite.

5. Deben “publicarse folletos sobre estudios realizados sobre ejemplares exhibidos, sobre exploraciones o de orden cultural.”

El museo García Feria realizó una encomiable labor en la esfera de la las publicaciones. Según nuestro estudio, se publicaron 48 trabajos con temas de Arqueología, historia, museología, etc., distribuidos de la siguiente forma: 36 corresponden a “Colección García Feria (Notas arqueológicas)”; 2 de la “Colección Arqueológica García Feria” y 10 de “Notas del Museo García Feria”. Estos folletos fueron enviados a centros científicos, investigadores y coleccionistas, entre otros, para diseminar toda la información contenida en esos textos. La ejecución de esta tarea en fecha tan temprana, nos da la medida de que comprendieron su importancia, sobre todo si se conoce que hoy, la Reinwardt Academy ubica esta acción dentro de la comunicación museal. (6)

6. “Todo Museo debe procurar el intercambio con instituciones de su misma índole.” (7)

Ese tipo de colaboración la desarrolló con gran profusión durante la república burguesa, y por ese medio enriquecieron su formidable colección y contribuyeron a ampliar y fomentar numerosas, en diversas ciudades de nuestro país y de otras naciones; así como colaboraron con la formación de museos escolares en poblaciones de la Isla.

Al repasar las “cualidades” enunciadas por García Castañeda, es imprescindible reflexionar sobre la importancia de sus planteos:

• Es un conjunto de ideas que sustentan un pensamiento sobre las características que debía poseer el museo cubano.
• Hay muestras de que posee un pensamiento museológico, presente en sus pronunciamientos sobre vitrinas, luz, contexto de las piezas, “almacén de antigüedades que produce cansancio”, en oposición de “orden progresivo”.
• Resulta evidente comprender que en el período previo al que él publica su folleto, le debieron llegar señales de algunos elementos de la Museología que se venían produciendo a nivel mundial, especialmente las que venían desde los Estados Unidos, por su cercanía y vínculos con investigadores y coleccionistas. De ser cierta esta suposición, entonces García Castañeda tendría el mérito de haberlas sistematizado para Cuba.
• Al presentar estas ideas en fecha tan temprana, se adelanta a su tiempo, y como tienen plena vigencia, se presentan con un carácter metodológico a tener en cuenta por nuestros especialistas.

Hechas las valoraciones anteriores, estaremos en condiciones de responder a la pregunta planteada inicialmente, en el sentido de las influencias de su pensamiento museológico.

Es válido anotar que al revisar su correspondencia no hemos encontrado carta alguna que brinde una pista hacia un intercambio de ideas con otros especialistas; tampoco en su biblioteca personal, parte de la cual conservamos, hemos encontrado texto alguno sobre esta materia.

Hasta ahora lo que conocemos es la existencia de una corriente de pensamiento que habla sobre la importancia del museo y sus exponentes para la enseñanza de la historia.

Horacio Díaz Pendás en su texto El museo: vía para el aprendizaje de la Historia, refiere que el español Rafael Altamira Crevea, en su libro La enseñanza de la Historia, publicado en 1895, “/…/ aportó un nutrido caudal de ideas para la enseñanza de la Historia y, /…/ para la utilización de los objetos museables (8). Victorio Manuel Delfino es un tratadista argentino, que en su obra Metodología y Enseñanza de la Historia, propone que “/…/ la visita a los museos sea parte integrante del programa del curso de Historia /…/” (9) En Cuba nos encontramos a tres estudiosos del tema: José Miguel Trujillo y su texto La enseñanza de la Historia, publicado en 1914; Miguel A. Cano con La enseñanza de la Historia en la escuela primaria y Pedro García Valdés --- arqueólogo y amigo personal de García Castañeda ---, que en 1923 publicó Enseñanza de la Historia en las escuelas primarias. oracio Díaz, al valorar todos estos textos, asegura que ninguno presentó una propuesta metodológica coherente para este trabajo con el museo. Desde nuestro punto de vista, todos estos acercamientos al museo se proponen desde la perspectiva de la escuela y el maestro; sin embargo, el profesor José Agustín se ubica en el museo y reflexiona desde esa posición. 

Por lo pronto, a pesar de las consideraciones hechas anteriormente, sólo nos queda asumir que dada su experiencia en la labor con el museo, sus vínculos con otros museos en Cuba, sus visitas para estudiar y evaluar colecciones privadas, apoyadas en las corrientes de pensamiento en boga, llevaron a García Castañeda a expresar un conjunto de ideas que nos permiten asegurar que pensó cómo debía ser el museo cubano. Estas concepciones las dejó plasmadas, tal como se dijo ya, en el folleto “¿Cómo lograr la efectividad de la labor educacional encomendada a los museos?”.

Ahora bien, el profesor García emitió otros criterios sobre los fines educativos de los museos y otros factores que según él, le darían la personalidad al museo cubano.

Uno de ellos, apuntado brevemente, es la máxima prioridad que García le confiere a la función educativa del museo, observable desde el mismo título del folleto. Al adentrarnos en su lectura, un factor a destacar es que hace una valoración crítica de los coleccionistas y los museos privados y públicos. Para arribar así a determinadas conclusiones.

De los coleccionistas asegura que su labor “/…/es digna de admiración, ya que sin su gusto, paciencia y dinero, estos objetos estuvieran perdidos o repartidos en distintos lugares” (10); pero cuando habla de su función cultural reflexiona que es “/…/ nula, en la mayoría de los casos, /…/, al no permitir su visita y estudio, /…/” (11)

Sobre los museos, plantea: “Por regla general, dichos museos, más parecen almacenes de antigüedades que centros de enseñanza práctica, por la cantidad de objetos y aglomeración en su exhibición, que producen en el visitante cansancio, siendo nula la parte cultural a ellos encomendada. (12)

No será preciso hablar sobre su opinión de que aquellos museos parecían “almacenes de antigüedades”, pues esa fue una realidad que nos legó la república. Nos importa más subrayar su preocupación sobre la labor cultural de esta institución, sobreentendiendo que el concepto es abarcador y contiene al educativo. 

En el texto llega a ser más explícito en sus planteamientos, pues afirma: “Siendo su finalidad, un método efectivo y práctico de enseñanza popular, es necesario, para que cumplan esa finalidad, transformarlos de almacenes de antigüedades en centros de enseñanza popular, lo que se obtendría al unir ambos conceptos, exhibición de ejemplares, estudio de los mismos /…/ (13) Y más adelante concluye definiendo al museo como “/…/ lugares destinados a estudios y discusiones sobre las ciencias, arte, letras, según su origen /…/” (14) Es preciso subrayar que, cuando García Castañeda hace estas recomendaciones, las realiza desde la posición de propietario de un museo particular, donde se han puesto en práctica diversas acciones educativas. 

El doctor García hace mucho hincapié en la misión de enseñanza que posee este tipo de institución, y al respecto señala “/…/ los museos constituyen uno de los más poderosos medios de que pueden valerse los gobiernos para la enseñanza popular /…/” (15) 

En ese sentido este promotor cultural holguinero hizo un planteamiento revolucionario para su época: “Es necesario que cada municipalidad tenga su museo, el que debe ser regional antes que general, y en los que se exhibirán no solo los ejemplares zoológicos de la región, como es costumbre, sino sus productos agrícolas e industriales, sus minerales y rocas, su desenvolvimiento histórico, recuerdos de sus benefactores, etc., de manera que ellos en si, abarquen el más completo estudio de la región, /…/” (16)

¿Qué es esto si no el museo municipal que se hizo realidad en Cuba, a partir de 1979, gracias a que 20 años atrás había triunfado una revolución en la Isla? Mas, si penetramos en la esencia de este planteamiento y nos preguntamos por las intenciones con que García concibe este tipo de museo, podríamos compararlas con las expresadas por George Henri Riviére ---primer director del ICOM---, quien en la década del 70, al explicar los propósitos del ecomuseo, afirma que debe ser como “un espejo, donde la población se contempla para reconocerse, donde busca la explicación del territorio en el que está enraizada /…/” (17)

García Castañeda no se conforma con caracterizar cómo suponía él que debía ser el museo cubano, él se refiere, además, a cómo deben ser los trabajadores de esa institución, específicamente el especialista que hoy nombramos museólogo: “Los conservadores de Museos deben ser no sólo capacitados sino entusiastas de la labor cultural a ellos encomendada; deben conocer perfectamente los objetos exhibidos y poder informar, en todo momento sobre los mismos, a más de la cultura general que se supone debe poseer, debe saber seleccionar la forma de exhibición de ejemplares y de que estos produzcan, tanto de la vista del ejemplar como del estudio de su etiqueta, una labor efectiva en los conocimientos del mismo; /…/ (18)

El profesor, en su artículo, ha expresado que este tipo de institución es uno de los medios más valiosos de que se puedan valer los gobiernos para la enseñanza; por tal razón, se percata de que el gobierno debe tener una responsabilidad con la manutención del museo. Es por ello que al establecer una comparación entre los museos públicos y privados existentes en el país, asegura que los privados son más ricos y su labor cultural más útil. Y de inmediato realiza una contundente crítica: “Ha podido ser así por culpa de nuestros Gobiernos, que /…/ no procuran sostener los ya creados /…/, /considerándolos/ como dependencias políticas, designando a sus conservadores y empleados de acuerdo con sus intereses políticos y disponiendo de las asignaciones consignadas en presupuesto, si es que las hay, para otras finalidades.” (19)

Para comprender cuán tempranamente García Castañeda entendió la importancia educativa del museo es preciso subrayar que no fue hasta la Mesa Redonda de Santiago de Chile, en 1972, cuando se destacó el papel del museo en la educación de la comunidad. Hay en sus planteamientos otro elemento a destacar. Cuando el profesor García habla sobre la función educativa de la institución museal, cuando asegura que el museo constituye un medio de enseñanza popular, cuando previene para que la exhibición no produzca cansancio; en fin, cuando se refiere a diversos componentes de la Museología, está pensando en los públicos hacia los cuales va dirigido el mensaje contenido en esas exposiciones. Y esta, también es una preocupación contemporánea.

Bibliografía

Citas y Notas
(1)Ver: Carta de Carlos Guillermo Aguayo a Dr. José A. García Castañeda, diciembre 27 de 1927. Doc. 63.3, Fondo Correspondencia García Castañeda. Museo Provincial de Holguín. Años más tarde, merced a esa vocación científica, matriculó la carrera de Ciencias en la Universidad, según carta de Pedro García Valdés, escrita en septiembre de 1940, en la que se alegra de que García Castañeda haya podido iniciar esta carrera. Sin embargo, no hay constancias de que haya continuado y, mucho menos, que la haya concluido. Ver: Pedro García Valdés. Carta a José A. García Castañeda. 24 de septiembre de 1940. Colección Correspondencia. FGC-AMPH. Ver Anexo VII
(2)Vázquez, Josefina Z. Historia de la historiografía. México D.F., Ediciones Ateneo S. A., 1980. p. 137 
(3)Linares, José. Museo, Arquitectura y Museografía. Fondo de Desarrollo de la Cultura, 1994. p. 22 
(4)Ver: Arjona, Marta. “Museo y educación”. En: Patrimonio Cultural e Identidad. La Habana, Editorial Letras Cubanas, 1986. p. 65
(5)García Castañeda, José A. Cómo lograr la efectividad de la labor educacional encomendada a los museos. Holguín, Impresos G. Sánchez y Hnos, 1945.
(6)Ver: Colectivo de autores. Conceptos fundamentales de la Museología. Digital.
(7)Todas las citas referidas al pensamiento de García Castañeda pertenecen a su folleto citado en No. 5
(8)Díaz Pendás, Horacio. El Museo: vía para el aprendizaje de la Historia. La Habana, editorial Pueblo y Educación, 2005. p.2
(9)Ibidem. P.7. En carta de julio de 1939, García Valdés le habla a José Agustín de la nueva edición de su texto, publicado finalmente en 1941. Ver: Pedro García Valdés. Carta a José a García Castañeda. Julio 8 de 1939. C-C. No 21.22. CGC-AMPH. En la parte de su biblioteca personal que posee nuestro museo no está ese libro, pero sabemos por su propio testimonio que donó a tres instituciones ---Instituto de segunda enseñanza, Biblioteca provincial de Holguín y biblioteca Nacional---, alrededor de dos mil volúmenes. Ver: Sainz Blanco, Alfredo. “Un hombre singular.” En: Ámbito. Holguín, octubre de 1988. Año II. No. 6 p. 8
(10)García Castañeda, José A. ¿Cómo lograr la efectividad de la albor educativa encomendada a los museos?” Holguín: Impresos O. Sánchez / 1945
(11)Ibid p. 3
(12)Ibid p. 1
(13)Idem
(14)Idem
(15)Ibid P. 5
(16)Idem
(17)Citado por Rafael Emilio Yunén. ¿Museología nueva? ¡Museografía nueva! webmaster cielonaranja.com
(18)García Castañeda, José A. Ob. Cit. p. 7
(19)Ibid p.2

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