Cañones sumergidos. Arqueólogos cubanos cuentan su experiencia en el pecio del Bajo de La Sabana

Arqueólogos cubanos cuentan su experiencia en el pecio del Bajo de La Sabana, ubicado en aguas territoriales de Venezuela

Por: Lisbet Penín Matos

Con el fin de mostrar los pormenores del proyecto de restauración y conservación Superficies y profundidades, en el pecio del Bajo de La Sabana, en el estado de Vargas, Venezuela, el ingeniero químico y arqueólogo cubano Manuel Almeida Estévez  ofreció este jueves, una conferencia en el Museo de la Pintura Mural, en el Centro Histórico de La Habana. 

La primera noticia acerca de las piezas de artillería llegó con una persona que llamó al Instituto de Patrimonio Cultural de Venezuela con el propósito de realizar una venta ilícita. Gracias a ese contacto comenzamos la investigación en conjunto con la institución, relató Almeida, encargado principal de las obras de rescate.

Entre los años 2007 y 2011 fueron encontrados  y reparados cinco cañones de procedencia colonial, fabricados en los siglos XVI y XVII.

Según Roger Arrascaeta, otro de los arqueólogos participantes en el proyecto, los primeros objetos intervenidos fueron dos cañones, una culebrina ochavada y una media culebrina, las cuales estaban cargadas, la primera tenía restos de cantos rodados y de pólvora, y de la otra, extrajimos 45 proyectiles de plomo.

Para lograr mejores resultados, los investigadores utilizaron un tratamiento químico especial cuyo propósito es eliminar los productos corrosivos en la superficie y en el interior de los cañones. También emplearon detergente amoniacal para apartar los restos de fango.

El también arqueólogo Luis Amador informó que en el pecio del Bajo de La Sabana, los buzos descubrieron nueve cañones más, los que serán extraídos para su conservación y se sumarán a los cinco primeros.

Estas son piezas únicas, por eso, luego de finalizar el proyecto, lo más probable es que se expongan en el Museo de Historia de Caracas, con el propósito de proteger el patrimonio en esa nación latinoamericana, manifestó Arrascaeta.

Luego del trabajo realizado por los arqueólogos se pudo concluir que las piezas artilleras halladas provienen de un naufragio aún por estudiar, pero que con certeza se encontraban estibadas en un barco militar, formando un montículo entre tres y cuatro metros de altura. 

Entre las piezas de artillería más frecuentes de esa época se encuentra la bombarda de bronce de origen alemán (s. XVI) como la imagen que acompaña esta información.

Las primeras piezas de artillería fueron de hierro forjado (s. XIV-XVI), siendo la bombarda (o lombarda) la pieza más característica. Se distinguen por estar formadas por dos partes: la recámara, que contenía la carga de pólvora y la caña (o tomba), de mayor calibre y longitud, que es la que recorría el proyectil. Ambas se unían entre sí y con el montaje por medio de cuerdas. La carga era muy trabajosa, permitiendo realizar aproximadamente 8 disparos diarios a una distancia eficaz que no sobrepasaba los 200 metros. Otras piezas más ligeras de la misma época son el pasavolante, la bombardeta, el falconete, el ribadoquín y el mosquete.

Fuente: http://www.trabajadores.cu/news/20120120/257045-canones-sumergidos

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