Patrimonio, Prisma y Plumero

Cuando el tiempo se confabula con los años para tejer sus historias, de vez en cuando nos llegan las reminiscencias de otras épocas, las que por antiguas no dejan de tener su encanto. Sobre todo cuando podemos visitar esos lugares colgados en la intemporalidad y recorrerlos de nuevo, haciéndolos revivir en cada innato paso.

Lugares que fueron de ayer y son de hoy, palpables, llenos de ecos y murmullos. Esos mismos que son nuestro patrimonio y deseamos otra vez engalanar. Otros, desgraciadamente, ya no están... ¡Desaparecieron! Para paliar esa ausencia física, es válido recrearlos por el verbo o con la ayuda de alguna que otra foto llegada a nuestros días. Darles una nueva oportunidad y un segundo soplo de vida: a ellos, a su creador y a nosotros.

En esta época, donde ya no se prioriza una visita al museo y las bibliotecas se van llenando de polvo, donde no alcanza el tiempo pues estamos demasiado ocupados; ¡que mejor manera!, que la de redescubrirnos aprendiendo en nuestro entorno a través de artículos y viajes, cortos y visuales.

Adaptar la tecnología a los tiempos y no dejar que ella nos adopte a nosotros, sería como desempolvar la tarima y dar un taconazo virtual para aprender algo nuevo antes de que el polvo recaiga.

No debemos temer al estornudo, ni a la timidez al preguntar. No debe existir miedo al ridículo ni desconfianza en la osadía. Todo hombre de ciencia, maestro, o simplemente el pasante, no harán de burla la pregunta; y si el caso fuera, ¿de que valdría la aclaración de un necio?

El pasado es visto a través de un prisma y como tal se interpreta, desde la óptica de que aunque siendo la luz nuestro principal estímulo, es en nuestro cerebro que la imagen toma forma. Una forma que se debe vulgarizar para que en estas horas sin minutos, el futuro nos sea accesible a todos.

No son sólo patrimonio los edificios y obras de arte, lo son también las personas y hasta los pequeños hechos, lo son las placas que marcan el nombre de una calle, lo es el herrero que la forjó y su profesión olvidada. Lo son todos esos conocimientos que estamos perdiendo hoy y las acciones que, por no significar nada, engrosan el olvido voluntario.

Gracias a ellas y ellos, al maestro, al literato, al hombre de ciencia, a la mujer, a los investigadores, al anónimo que recogió un granito de la historia para volverlo a sembrar, a cualquiera que con su trabajo desinteresado y paciente, entre adoquines, polvo y asfalto o monte, río y montaña, contribuya a despertar la consciencia social para preservar el legado y la memoria colectiva. Gracias, ¡Muchas Gracias! al que contribuya a estimular (desempolvar) de un soplo al factor humano.

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