Les gisements précolombiens de la Baie Orientale. Campements du Mésoindien et du Néoindien sur l'île de Saint-Martin

Les gisements précolombiens de la Baie Orientale. Campements du Mésoindien et du Néoindien sur l'île de Saint-Martin

BONNISSENT Dominique (dir.)
Les gisements précolombiens de la Baie Orientale. Campements du Mésoindien et du Néoindien sur l'île Saint-Martin (Petites Antilles). Paris : Éditions de la Maison des Sciences de l’Homme, 2013. 264 p. (Documents d’archéologie française ; 107).


Resumen
En 2000, se descubrieron dos yacimientos en excelente estado de conservación, en la isla San Martín, Antillas Menores, en la parte trasera de la playa de la Baie Orientale : campamentos mesoindios (800 a.C- 100 d.C.) que revelan una forma de vida asociando actividades de subsistencia y fabricación de utensilios de piedra, concha o coral, un descubrimiento sin precedentes en el período precerámico, y un yacimiento del Neoindio tardío (740-960 d.C.) que se ha interpretado como un campamento especializado, dependiente de la aldea de Pointe du Canonnier, que obedece a una forma de ocupación del territorio característica de este período. Inédito e innovador, el estudio que aquí presenta Dominique Bonnissent nos invita a descubrir la vida muy compleja de las poblaciones precerámicas nómadas que surcaron el mar Caribe y convierte a esta obra en un recurso indispensable para la arqueología precolombina caribeña. Al inicio de cada capítulo, un resumen, que incluye referencias bibliográficas y remisiones a las figuras, ayuda a los lectores hispanohablantes y anglohablantes a comprender los datos esenciales de la demostración.


Préface
Introduction
Chapitre 1 - Contexte environnemental et chronologique des occupations précolombiennes
          1.1 Milieu insulaire et cadre chronologique
          1.2 Géoarchéologie

Chapitre 2 - L'occupation mésoindienne
          2.1 Méthodes d'investigation et de recherche
          2.2 Les stations d'occupation
          2.3 Les restes d'invertébrés
          2.4 Modes de cuisson et de consommation des coquillages: expérimentation
          2.5 La faune vertébrée
          2.6 L'origine des matières premières lithiques
          2.7 Le matériel lithique
          2.8 L'usage du corail
          2.9 Apport du site à la connaissance de la fin de la période

Chapitre 3 - L'occupation du Néoindien récent
          3.1 Un dépotoir de la sous-série mamoran-troumassoïde
          3.2 L'assemblage céramique
          3.3 L'origine des matières premières lithiques
          3.4 Le matériel lithique
          3.5 L'usage du corail
          3.6 Les restes d'invertébrés marins
          3.7 Baie Orientale 2, un site satellite spécialisé

Chapitre 4 - Du Mésoindien au Néoindien récent : synthèse régionale
          4.1 Le contexte antillais au Mésoindien
          4.2 La transition du Néoindien ancien au Néoindien récent dans le nord des Petites Antilles         

Index locorum

Bibliographie générale

Résumé / Abstract / Resumen


Los yacimientos precolombinos de la Baie Orientale campamentos mesoindios y neoindios en la isla de San Martín (Antillas Menoresrecopilada los resultados de los estudios arqueológicos preventivos llevados a cabo en el año 2000 en dos yacimientos precolombinos de la colectividad de ultramar francesa de San Martín, en las Antillas Menores. Este trabajo, fruto de la labor de diez investigadores dirigidos por Dominique Bonnissent, doctora en Prehistoria y arqueóloga especializada en el período precolombino en la región, analiza los rasgos culturales de las comunidades que ocuparon la playa de la Baie Orientale en dos períodos prehistóricos: el Mesoindio y el Neoindio

El yacimiento mesoindio de Baie Orientale 1, que hoy se encuentra a unos 200 m de la orilla del mar, estaba instalado antiguamente al borde del agua, en la parte superior de una playa fosilizada. En excelente estado de conservación, el sitio se exploró a través de una superficie de más de 500 m2, lo cual permitió obtener datos espaciales totalmente inéditos sobre este período en las Antillas. La datación radiocarbónica sitúa el yacimiento entre el siglo VIII a.C. y el I d.C. Durante casi 900 años, se sucedieron en él distintas comunidades de idéntica tradición cultural, repitiendo las mismas actividades domésticas e industriales, tal como revelan los vestigios de sus campamentos: fogones, piedras calentadas dispersas, concheros, productos del lascado y depósitos de utensilios. Los moluscos marinos eran la principal fuente alimenticia cárnica. Practicaban una recogida selectiva, basada en cuatro gasterópodos presentes cerca del litoralStrombus gigas, el más representado,Cittarium picaNerita peloronta N. versicolor. Se demostró que los moluscos se cocían en su concha sobre una parrilla de piedras calientes. La actividad industrial predominante era la producción de láminas de concha que se empleaban como elementos cortantes y se fabricaban en labro de S. gigas. La cadena operativa era una asociación de dos técnicas: lascado por percusión violenta para darle forma a la lámina, seguido de una fase de pulimento por abrasión. Entre las áreas de actividad se identificaron talleres de lascado de conchas y áreas de utilización de las láminas de concha obtenidas. La industria lítica resulta más diversificada. Las técnicas empleadas son: lascado por percusión violenta con percutores duros, piqueteado y pulimento. El sílex y las rocas volcánicas, volcano-sedimentarias y calcáreas constituyen las materias primas principales. El sílex es el material más utilizado, pese a ser el más difícil de obtener, puesto que no existe en la isla. El coral se debe haber utilizado seguramente por sus propiedades abrasivas, como se observa por las especies seleccionadasAcropora palmata A. cervicornis. Los fragmentos descubiertos poseen rastros de abrasión que indican su uso, quizás en las últimas fases de la cadena operativa de la producción de láminas de concha. Si bien es difícil establecer con precisión la complementariedad funcional entre los utensilios de piedra, concha y coral, el estudio del coral nos lleva a postular una «cadena operativa mixta», según la cual los distintos materiales se empleaban asociados para confeccionar un objeto. Este yacimiento presenta aspectos completamente nuevos que amplían considerablemente la visión tradicional de las comunidades ortoiroides de las Antillas Menores. Instalados a la orilla del mar, los hombres contaban con los recursos marinos necesarios para su alimentación y para fabricar las láminas de concha. Esta industria orientada a la producción de un único tipo de utensilio durante más de mil años respondía sin ninguna duda a una necesidad específica, que quizás sea la construcción de canoas, necesarias como medio de transporte. Las comunidades que vivían en el sitio de Baie Orientale 1 eran nómadas y, por consiguiente, muy móviles. Se desplazaban en función de imperativos económicos y rituales, que seguían un ritmo estacional al menos en parte. El territorio en el que se desarrollaban supera ampliamente el de la isla de San Martín, como se deduce de la presencia de materiales líticos exógenos. Los sucesivos eventos de ocupación de la Baie Orientale durante siglos, para reproducir allí permanentemente las mismas actividades, revela la perennidad de la función del sitio y de la forma de vida de sus ocupantes

El segundo sitio denominado Baie Orientale 2, que la datación radiocarbónica sitúa entre los siglos VIII y x d. C., está ubicado delante del yacimiento mesoindio, en un cordón de arena más reciente. Caracterizado por un solo estrato formado por un depósito oblongo, de unos 200 m2 de extensión, este sitio conserva restos de moluscos y vestigios materiales. Como no se hallaron restos de construcciones y el sitio no es muy extenso, se cree que corresponde a un campamento especializado, dependiente de la aldea de Pointe de Canonnier, que obedece así a una forma de ocupación del territorio característica del Neoindio. En su mayoría, las cerámicas son utilitarias e incluyen algunos ejemplares decorados que ayudaron a determinar su encuadre cronocultural. El ajuar, perteneciente al estilo Mill Reef de la subserie troumassoide mamorano, indica una filiación con la fase anterior saladoide cedrosano. Las producciones líticas están confeccionadas fundamentalmente en rocas obtenidas en la isla, pudiéndose determinar dos cadenas operativas principales: una para la fabricación de hachas en rocas de chert y tufita, y la otra para la confección de perlas cilíndricas y discoidales de calcita cristalina. El coral se empleó principalmente para la fabricación de un utensilio polivalente en Diploria sp., utilizado como muela, yunque y pulidor. Los medios de subsistencia consistían sobre todo en la recogida de los gasterópodos marinos más accesibles (Cittarium pica y Neritidae), que probablemente se cocían en distintos recipientes para separarlos de sus conchas. En cambio, la carne de Strombus gigas se extraía cruda de la concha, perforándola. Así pues, al parecer este campamento se especializaba en el aprovechamiento de los recursos marinos

Aunque el período mesoindio en las Antillas Menores parezca bastante homogéneo, la evolución de los espacios destinados a la actividad humana, tal y como se ha podido observar en el sitio de Baie Orientale 1, indica que a partir del 800 a.C. estas comunidades han entrado en un proceso de neolitización, lo cual quizás haya facilitado su integración a las colonias neoindias de agroalfareros documentadas en San Martín a partir del 400 a.C. Aún no se conoce bien el período de transición del Neoindio temprano al Neoindio tardío en el archipiélago, transición que aquí se aborda a partir del sitio de Baie Orientale 2. El estudio de los restos de la isla de San Martín y del área de las islas del norte lleva a los investigadores a proponer un esquema inédito en dos etapas que explica la mutación que sufrieron estas sociedades. A partir del 600 d.C., la escisión del Saladoide cedrosano, por causas socioculturales, tuvo como consecuencia que coexistieran dos comunidades socioculturales: una llamada «Saladoide cedrosano tradicional» y la otra «Saladoide cedrosano derivada». Dos siglos más tarde, a partir del 800 d. C., el impacto de la Terminal Classic Drought(tcd) —un largo período de sequía— y un aumento de la actividad ciclónica pudo haber acentuado una situación que ya era problemática, sobre todo en las islas pequeñas, donde escaseaban los recursos. El clima, cuya importancia en México en el período Clásico Terminal ha quedado probada, en relación con la caída de la civilización maya, parece haber desempeñado asimismo un papel esencial en los grandes cambios culturales del Caribe y, en particular, en el declive del Neoindio temprano en las Antillas.


Resumen por capítulos

Capítulo 1 - Contexto ambiental y cronometría de los campamentos precolombinos

Los yacimientos precolombinos de la Baie Orientale : campamentos mesoindios y neoindios en la isla de San Martín (Antillas Menoresrecopilada los resultados de los estudios arqueológicos preventivos llevados a cabo en el año 2000 en dos yacimientos precolombinos de la colectividad de ultramar francesa de la isla de San Martín, en las Antillas Menores. El proyecto de edificación de un complejo turístico llamado Le Village d’Orient [fig. 1], que debía ocupar más de 6 ha de terrenos situados en la parte trasera de la playa de la Baie Orientale, amenazaba con destruir unos vestigios precolombinos. La actuación arqueológica se efectuó según los métodos tradicionales de la arqueología preventiva practicados habitualmente, en la Francia metropolitana, por el Inrap (Institut National de Recherches Archéologiques Préventives). Los estudios, organizados en tres fases sucesivasdiagnóstico, análisis y excavación—, posibilitaron una identificación rápida y precisa del material arqueológico del subsuelo y la comprensión de las zonas mejor conservadas.

El presente trabajo plantea, desde distintas perspectivas arqueológicas, un análisis y una interpretación de las particularidades culturales de las comunidades indígenas que ocuparon la Baie Orientale en dos períodos prehistóricos bien definidos: el Mesoindio y el Neoindio. El sitio mesoindio, denominado Baie Orientale 1, se caracteriza por dos zonas de ocupación, en excelente estado de conservación; los campamentos de ambas zonas datan de entre 800 a. C y 100 d. C [tabla I]. El segundo yacimiento, denominado Baie Orientale 2, es un depósito del Neoindio tardío. Formado entre finales del siglo viii y mediados del x, presenta un estrato de restos entre los que destaca un conjunto de materiales cerámicos del estilo Mill Reef de la subserie troumassoide mamorano, definida para este sector geográfico (Rouse, Faber Morse 1998; Petersen et al. 2004).

La isla de San Martín está situada en la zona norte de las Antillas Menores, a 260 km al norte del archipiélago de Guadalupe [fig. 2; fig. 3]. Desde 1648, está dividida por una línea fronteriza que va de este a oeste y que separa la parte francesa, al norte, de Sint Maarten, Estado autónomo del Reino de los Países Bajos, al sur [fig. 4]. Su superficie es de 90 km2 y su relieve está formado por colinas que alcanzan su punto culminante a los 424 m de altura, en el Pic Paradis. El recortado litoral presenta bahías, albuferas, playas de arena y puntas rocosas. Desde un punto de vista geológico, San Martín es una isla antigua, cuyo basamento volcánico erosionado se encuentra parcialmente cubierto por formaciones calcáreas (Westercamp, Tazieff 1980). La Baie Orientale está situada en el frente atlántico, en la parte expuesta al viento . Los estudios se llevaron a cabo en el sector central de la bahía, donde la parte trasera de la playa presenta una serie de cordones de arena unidos unos a otros [fig. 5]. La ocupación mesoindia se desarrolló en una larga franja de cerca de 300 m, donde se determinaron cinco zonas, que luego se analizaron y agruparon bajo el nombre de Baie Orientale 1 [fig. 6: A a E]. Por otro lado, el depósito de Baie Orientale 2 está situado al este, en un cordón más reciente, delante del yacimiento mesoindio. Un tercer evento de ocupación se produjo entre el 1925 y el 1430 a. C. (Stouvenot 2006; Bonnissent 2008) en el sitio mesoindio de Salinas de Oriente, situado fuera del área de estudio, en uno de los cordones de arena más antiguos de la bahía. La presencia de tres sitios precolombinos de edades diferentes en este sector permite fechar la formación de los cordones sucesivos.

La ocupación precolombina de la isla se desarrolló a lo largo de cerca de cinco mil años, entre el 3300 a.C. y 1600 d.C [fig. 7]. La edad absoluta de esta ocupación se estableció gracias a 94 dataciones radiométricas basadas en 17 yacimientos (Bonnissent 2008: tabl. 1-4). Del período mesoindio (o Archaic Age) (Willey, Phillips 1958; Rouse 1992) se han hallado vestigios de la serie ortoiroide, que en la isla corresponde a la época comprendida entre el 3300 a.C. y el 100 d.C. Ocho yacimientos de la colectividad de ultramar francesa de San Martín pertenecen a esta cultura, uno de los cuales es el yacimiento conocido más antiguo de las Antillas Menores. El período neoindio temprano (o Early Ceramic Age) (Siegel 1989; Rouse 1992) coincide con el poblamiento de la isla por los primeros agroalfareros entre el año 400 a.C y el 960 d.C. Este período está marcado por la serie saladoide, representada por las subseries huecana y cedrosana. Se estudiaron cuatro yacimientos de esta serie y, entre ellos, los de las aldeas de Hope Estate (Haviser 1991; Hofman, Hoogland 1999; Bonnissent 2008) y Anse des Pères (este último es más tardío que el primero) (Knippenberg 1999c). Por último, el período neoindio tardío (o Late Ceramic Age) se desarrolló en la isla entre el 660 y el año 1600 d.C. (Rouse, Faber Morse 1998; Petersen et al. 2004). Los sitios de Baie Orientale 2 y Pointe du Canonnier pertenecen al estilo Mill Reef de la subserie troumassoide mamorano; el sitio de Baie aux Prunes, al estilo Mamora Bay de la subserie troumassoide mamorano; y el sitio de Baie Rouge, a la subserie chicoide-ostionoide (Hénocq, Petit 1998a; Bonnissent 2008).

El estudio geomorfológico muestra que la Baie Orientale está formada por una sucesión de cordones de arena antiguos, que adoptan la forma arqueada del fondo de la bahía [fig. 8] y que resultan de la acumulación progresiva de arena arrastrada por las tormentas durante el Holoceno. La modificación de la línea costera producida por dichas tormentas condicionó los sucesivos asentamientos humanos [fig. 9]. El sitio mesoindio de Baie Orientale 1, que hoy se encuentra a unos 200 m de la orilla del mar, estaba instalado al borde del agua, en la parte alta de una playa antigua fosilizada que había formado un cordón de arena. Lo mismo puede decirse del depósito de Baie Orientale 2, que también estuvo muy cerca de la orilla. Los mapas antiguos muestran que, desde finales del siglo xviii, la playa del lado oriental de la bahía está sometida a un proceso erosivo [fig. 10].

La estratigrafía de los depósitos litorales de la Baie Orientale presenta distintos aspectos. En orden cronológico [fig. 11], se observan acumulaciones de material fangoso proveniente del pie de monte que alcanzan una altura de 1,5 a 2 m y, después, depósitos de arena de playa de aproximadamente 4,5 m de altura, por encima de los cuales se constituyó un suelo. Éste está formado por una capa superficial de humus (Ah) y una capa subyacente (Sca) de arena de mar alterada [fig. 12]. A nivel superficial, arenas arcillosas correspondientes a depósitos albuféricos rellenan las depresiones que separan los cordones de arena.

Si bien los conocimientos sobre las poblaciones precolombinas del Neoindio en las Antillas Menores se encuentran relativamente bien documentados, existen pocos datos sobre las comunidades del Mesoindio que han llegado a las islas desde el continente americano. Por ello, nuestro propósito es completar el conocimiento de las poblaciones amerindias precerámicas instaladas en las Antillas Menores y veremos que revelan prácticas culturales complejas y totalmente insospechadas hasta ahora.

Capítulo 2 - La ocupación mesoindia

La actuación en el sitio de Baie Orientale 1 consistió en realizar unas cincuenta trincheras [fig. 13] para evaluar el potencial arqueológico de la parcela (Bonnissent 2000). A continuación, mediante sondeos, se delimitó la extensión del yacimiento mesoindio descubierto y se determinó una superficie de excavación de más de 500 m2 (Bonnissent, Romon 2000). Los resultados de las investigaciones revelaron cinco zonas con abundantes vestigios en excelente estado de conservación, que se exploraron manualmente. Cada zona abarca uno o dos sectores, que a su vez están divididos en cuadrados o loci de excavación. Después de sacar a la luz y limpiar los materiales localizados, se cernieron sistemáticamente todos los sedimentos en una capa de 0,30 m de altura. Se realizaron planos de repartición espacial de los restos por categorías y por loci a fin de analizar su distribución. En los sectores más complejos, se llevaron a cabo levantamientos planimétricos del terreno. Los datos arqueológicos muestran que la ocupación sigue una línea relativamente paralela a la línea costera, en la parte alta de la playa antigua, y atestiguan la existencia de un paleolitoral a unos 200 m de distancia de la actual orilla del mar [fig. 6].

El sitio presenta una sucesión de áreas de asentamiento, que demuestran que comunidades de igual tradición cultural ocuparon la zona realizando en ella las mismas actividades: cocción y consumo de conchas, algunos crustáceos y escasos pescados, y fabricación de instrumentos de concha, piedra y coral. Prueba de ello son los restos de hogueras, piedras calentadas dispersas, concentraciones de conchas enteras o lascadas, productos de lascado y utensilios, en ocasiones reunidos en depósitos [fig. 14 a fig. 33]. El consumo de moluscos marinos resulta ser la principal fuente de alimentación cárnica [fig. 34 a fig. 43; tabla IIa tabla VIII]. La recolección se centraba en los gasterópodos, siendo la especie Strombus gigas la más representada. Estos gasterópodos eran fáciles de recolectar porque se encontraban cercanos a la orilla, en el mediolitoral rocoso y en las praderas marinas, dos ambientes que aún hoy conforman el paisaje de la zona. Se ha podido demostrar que estos gasterópodos, y sobre todo la especie Strombus gigas, se cocían con la concha sobre piedras calientes que formaban una especie de parrilla. Estos datos sobre las técnicas de cocción y consumo son inéditos, y han sido corroborados en laboratorio [fig. 53 a fig. 56; tabla XIV]. En cambio, el consumo de pescados parece anecdótico, aunque probablemente la escasez de los restos recuperados se deba a que muchos desaparecieron por problemas de conservación diferencial [fig. 58; fig. 59; tabla XV; tabla XVI].

La actividad tecnológica predominante en el sitio era sin lugar a dudas la fabricación de láminas de concha, empleadas como instrumentos cortantes y confeccionadas en labro de Strombus gigas. Se logró reconstituir la cadena operativa de la siguiente manera: lascado por percusión violenta, seguido de pulimento por abrasión [fig. 44 a fig. 52; tabla IX a tabla XIII]. Los instrumentos, los esbozos y la materia prima utilizable se encuentran reunidos en depósitos, mientras que las piezas erosionadas y rotas fueron abandonadas y se hallan repartidas por toda la zona de ocupación. Las áreas de actividad identificadas corresponden a talleres de lascado de conchas o a lugares de utilización de las mismas, como revelan las marcas de uso visibles en algunos herramientas.

En lo relativo a la industria lítica, se observa una mayor diversificación, tanto en lo que se refiere a los objetos producidos como a los materiales utilizados [fig. 60 a fig. 65]. Las técnicas empleadas son el lascado por percusión violenta, el piqueteado y el pulimento. Las materias primas principales son el sílex y las rocas volcánicas, volcano-sedimentarias y calcáreas [fig. 66 a fig. 89; tabla XVII a tabla XXI]. La producción consiste fundamentalmente en pequeñas lascas de sílex, entre las que figuran muy pocos herramientas. Su función y su uso son muy sorprendentes. Es posible que estuvieran incrustadas en un palo de madera y que fueran empleadas para tratar tubérculos en un contexto protoagrícola. El sílex no sólo es la materia prima más utilizada, sino también la más difícil de obtener, dado que no se la encuentra en la isla. De hecho, es difícil interpretar la aparente contradicción entre la complejidad de la obtención de la roca y la simplicidad del producto: unas lascas que se habrían podido fabricar con otros materiales de características similares disponibles en la isla. Sí se puede afirmar, en cambio, que en el sitio se encuentran representadas todas las etapas de su aprovechamiento, tal como demuestra la presencia de lascas corticales. Algunos objetos se realizaron en una roca proveniente de la isla de San Bartolomé, una piedra calcárea muy frágil que hace suponer que no se trataba de objetos funcionales o que lo eran muy poco. Son piezas excepcionales halladas en un depósito formado exclusivamente por artefactos líticos y algunos objetos dispersos, entre los que se observa un esbozo de colgante de canto rodado. Es muy probable que este único adorno descubierto en el yacimiento sea indicativo de cierta identidad clánica [fig. 90 a fig. 92]. Con su forma casi enigmática y estando algunas acabadas y otras no, estas piezas quizás tengan una función ceremonial. En cualquier caso evocan el universo estético y simbólico de los ocupantes del lugar. Por otro lado, los morteros o vasijas de piedra, que son los únicos recipientes encontrados, son los primeros del archipiélago que realmente se pudieron fechar en el mesoindio. La industria lítica también produjo piedras de moler o pulidores, y piedras usadas como percutores y yunques.

Otro material presente en el sitio es el coral. Utilizado seguramente por sus cualidades abrasivas, debió aprovecharse con fines específicos, tal como revela el uso ampliamente mayoritario de dos especiesAcropora palmata y Acropora cervicornis [fig. 93 a fig. 106; tabla XXII a tabla XXVI]. A este respecto son muy significativos los fragmentos de ramas de coral con huellas de abrasión derivadas de su uso, quizás en las últimas fases de la cadena operativa de la producción de láminas de concha. El estudio del coral señala la existencia de una «cadena operativa mixta», en la que se emplean distintos materiales para la producción de objetos, lo cual indica un cierto grado de complementariedad funcional entre los utensilios de piedra, los de concha y los de coral.
Este yacimiento renueva por completo nuestra visión de los hábitos de vida en el archipiélago en la época mesoindia. Los hombres instalados en el litoral contaban con los recursos marinos necesarios para alimentarse y para fabricar láminas de concha. Esta industria orientada a la producción de un único tipo de herramienta durante más de mil años respondía sin ninguna duda a una necesidad específica. Siendo que las láminas de concha son un material muy frágil, es muy probable que hayan servido para trabajar la madera, tal vez previamente quemada para que fuese más fácil. Además, como las comunidades mesoindias eran nómadas, el haber encontrado una gran cantidad de depósitos de láminas en el sitio nos hace pensar que éstas se utilizaban para la fabricación de canoas. Consecuentemente, se puede formular la hipótesis de que esta producción y su almacenamiento estaban asociados a la fabricación y al mantenimiento de embarcaciones, medio de transporte indispensable para unas poblaciones que vivían orientadas hacia el mar.

Capítulo 3 - La ocupación en el Neoindio tardío

Delante del yacimiento mesoindio, en un cordón de arena que antiguamente debió estar muy cercano a la costa, se halló el sitio denominado Baie Orientale 2 [fig. 6], un depósito neoindio tardío cuya superficie es de aproximadamente 200 m2 [fig. 107 a fig. 109]. El área de investigación se delimitó en función de datos recogidos en las trincheras de diagnóstico (Bonnissent 2000) y en la antigua zona de excavación (Hénocq et al. 1992). El yacimiento consiste en un único estrato de restos paralelo a la orilla del mar y de forma oblonga [fig. 110]. La parte norte está parcialmente destruida debido a una gran excavación realizada para extraer arena. El área de intervención representa una superficie de aproximadamente 140 m2 que abarca parte del sondeo efectuado en 1992. Después de despejar manualmente el depósito, se efectuó un levantamiento del material por metro cuadrado, en base a una cuadrícula. En la totalidad del área de intervención, se extrajo y se cernió una capa de sedimentos de 0,30 m de altura.

El depósito revela una capa fina de materiales desorganizados, que resulta de la acumulación de residuos arrojados voluntariamente en el lugar, después de alguna actividad industrial o doméstica. Los desechos de la producción industrial consisten en cerámicas y productos del lascado de piedras, conchas o corales. Los desechos domésticos son fundamentalmente restos alimenticios (restos de malacofauna y de caparazones de crustáceos) y una única osamenta de pescado, cuya presencia nos lleva a interrogarnos acerca de la conservación diferencial de los vestigios. Asimismo, se identificaron piedras de hogar gracias a rastros de contacto con el fuego (astillas térmicas y marcas de rubefacción), asociados a restos de cenizas y carbón de leña.

El depósito arrojó abundantes restos poco fragmentados de un ajuar cerámico que nos permitió establecer un amplio repertorio tipológico. Gracias a ello, se reconstituyó una serie homogénea de recipientes y utensilios. El conjunto está compuesto principalmente por recipientes utilitarios de factura tosca, algunos objetos decorados con engobe rojo y unos pocos artefactos modelados [fig. 111 a fig. 127; tabla XXVII a tabla XXIX]. Teniendo en cuenta las características tipológicas y las dataciones radiométricas que apuntan a los siglos viii y x d. C., se puede identificar este ajuar como perteneciente al estilo Mill Reef de la subserie troumassoide mamorano (Bonnissent 2008). Se observa efectivamente una filiación con la fase anterior saladoide cedrosano.

Los artefactos líticos se produjeron a partir de rocas recogidas en la isla, a excepción de unos pocos objetos de sílex [fig. 60 a fig. 65]. Las rocas locales son mayoritarias. Las rocas de chert y tufita se emplearon en abundancia para la confección de hachas y majas, y la toba cuárcica para muelas y pulidores. Se siguen utilizando las tufitas locales en forma de cantos rodados y astillas afiladas. Todos los demás elementos provienen de San Martín, incluidos los adornos, como las perlas de calcita, o los objetos rituales, como los zemís fabricados en calcirudita del sitio de Pointe Arago. Se identificaron dos cadenas operativas específicas: la de las hojas de hacha fabricadas en rocas de chert y tufita, y las de las perlas cilíndricas o discoidales de calcita cristalina [fig. 128 a fig. 135; tabla XXX a tabla XXXII].

El destino principal del coral es la fabricación de un utensilio polivalente a partir de la cabeza hemisférica de Diploria sp. Es probable que este utensilio se haya utilizado como muela, pulidor y yunque a la vez, y que haya servido para transformar distintos materiales [fig. 136 a fig. 147; tabla XXXIII]. En Baie Orientale 2, los corales se aprovecharon por sus cualidades abrasivas, al igual que durante el período mesoindio, aunque también se observan usos nuevos como yunques, raederas improvisadas y materia prima para confeccionar otros objetos. Teniendo en cuenta la variedad de formas y texturas de las especies recogidas, se plantearon distintas hipótesis de uso en las que entran en juego diversos modos operativos relacionados con el trabajo de la madera o con el tratamiento de los vegetales, ya sea con fines técnicos o para su consumo alimenticio. El estudio de los restos de corales hace pensar en modos operativos aún poco conocidos en las culturas precolombinas de las Antillas Menores y revela un uso específico y constante de este material original.

Los gasterópodos marinos constituyen el principal medio de subsistencia. El más frecuente de ellos es Cittarium pica, asociado a algunos taxones más marginales como Neritidae, Chitonidae, Littorinidae y Thais sp. [fig. 34; fig. 36]. Todos ellos se recogieron fácilmente en la franja mediolitoral situada entre la Baie Orientale y la Baie de l’Embouchure [fig. 37]. Cabe añadir algunos taxones de la pradera marina, en especial Strombidae et Astraea sp., que se encuentran en los primeros metros de agua de esas mismas bahías, y algunas especies recogidas ocasionalmente en los medios intermedios [fig. 38 a fig. 41 ; tabla II a tabla VIII]. Probablemente, los gasterópodos, grandes y pequeños, y entre ellos Cittarium pica, se cocinaban en recipientes cerámicos y así se los separaba de su concha. En cambio, la carne de Strombus sp. se extraía cruda de la concha perforándola [fig. 148]. Así pues, al parecer este sitio se especializaba en el aprovechamiento de los recursos marinos y en el desconchado de moluscos. El objetivo principal de la recogida parecer haber sido el consumo alimenticio, ya que la fabricación de artefactos en concha está documentada por muy pocos especimenes [fig. 149 a fig. 151].
Lo anterior indica que el depósito aislado de Baie Orientale 2 es el resultado de una actividad especializada que se llevaba a cabo en ese sitio, posiblemente un campamento estacional dedicado al aprovechamiento del medio marino del frente atlántico. No habiéndose detectado en el transcurso de las investigaciones ningún rastro de construcción ni otros depósitos, resulta evidente que la configuración del sitio no responde al sistema clásico de «aldea», tal y como se lo conocía en esa época. Sí podría ser un sitio secundario dependiente de una aldea, seguramente la de la Pointe du Canonnier, situada en el extremo occidental de la isla [fig. 152]. Ambos yacimientos son contemporáneos y han arrojado cerámicas comparables, asociadas al estilo Mill Reef de la subserie troumassoide mamorano (Bonnissent 2008). Cabe señalar, además, la existencia de varios otros sitios secundarios especializados, que podrían ser contemporáneos y que probablemente hayan mantenido entre ellos determinadas relaciones funcionales. Se ha demostrado que este sistema de aprovechamiento del territorio es una herencia directa de la tradición de las comunidades del Neoindio temprano (Bonnissent 2008).

Capítulo 4 - Del Mesoindio al Neoindio tardío: síntesis regional

Hasta las investigaciones realizadas en el año 2000 en el yacimiento de Baie Orientale 1, se creía que las poblaciones mesoindias eran meros grupos desorganizados cuyos sitios de ocupación eran escasos y modestos (Rouse 1992; Keegan 1994). Los ocho yacimientos de la colectividad de ultramar francesa de San Martín que datan de ese período demuestran que en realidad los sitios son bastante numerosos [fig. 4] y que las comunidades que los ocupaban tenían una organización mucho más compleja y estructurada de lo que se suponía (Bonnissent 2008).

Eran áreas de campamento temporal, instaladas en lugares de aprovechamiento de los recursos marinos. Una vez recogidos, e incluso agotados, los recursos, las comunidades abandonaban el sitio. En dichos campamentos se desarrollaban actividades de subsistencia —en especial la cocción y el consumo de moluscos— y se producían utensilios y objetos simbólicos a partir de materiales variados: piedra, conchas y coral. Así pues, el campamento mesoindio es tanto un espacio doméstico como técnico. Una prueba de la variedad de actividades que allí se practicaban son los numerosos dispositivos y espacios que hemos documentado: hogares de base plana o en fosas, braseros, fogones, áreas de cocción de los moluscos, áreas de lascado de las materias primas, y depósitos de utensilios y objetos (Bonnissent 2008).

Los mesoindios se alimentaban principalmente con productos del mar. Explotaban en especial la malacofauna: su disponibilidad e interés económico y sus cualidades nutritivas (Chenorkian 1989; 1992) la convertían en su recurso cárnico más importante. Se documentó durante todo el período la cocción sobre piedras calientes como método para separar gasterópodos y bivalvos de sus conchas. Este hecho, sumado a las escasas osamentas de peces que se han conservado, hace que se caracterice a estos grupos humanos como «recolectores de conchas marinas».

Las mismas áreas se vuelven a ocupar periódicamente a lo largo de varios siglos o incluso milenios, como revelan los sitios de Étang Rouge, Baie Orientale 1 y Norman Estate (Bonnissent 2008; Knippenberg 1999b). La frecuentación de los mismos lugares, a intervalos prolongados, a través de largos períodos prueba que existía una transmisión de los conocimientos y cierta forma de tradición cultural. La especialización de los distintos sitios es muy marcada, por lo que se puede suponer que, siendo contemporáneos, cada uno estaba orientado hacia un aspecto simbólico o económico especial (yacimiento de altura de Saba: Hofman et al. 2006). Es probable que haya una relación entre la periodicidad de ocupación de los distintos sitios, la disponibilidad de los recursos según las estaciones y el agotamiento de éstos, según ciclos preestablecidos (Bonnissent 2001; 2007; 2008 ; Bonnissent et al. 2001; 2006). Esta periodicidad remite además a una forma de vida característica, el nomadismo, que también queda puesta en evidencia por el transporte de materias primas líticas de isla en isla.

Los datos arqueológicos ponen de manifiesto que los mesoindios eran una población muy móvil, que dominaba la navegación en alta mar. Se desplazaban en función de sus necesidades económicas, sociales, culturales o simbólicas, como se deduce de la presencia de objetos ceremoniales, para garantizar la supervivencia del grupo. La vida del grupo parece haber estado organizada alrededor de «circuitos nomádicos», que seguramente seguían en parte el ritmo de las estaciones. Los sucesivos eventos de ocupación de la Baie Orientale durante siglos, para reproducir allí permanentemente las mismas actividades, revelan la perennidad de esta forma de vida y de la función del sitio.
Al principio, el período mesoindio en las Antillas Menores parece ser un todo relativamente homogéneo. Sin embargo, los vestigios de la ocupación humana indican que, en la isla de San Martín, ha habido una evolución entre el año 3300 a. C. y el 100 d. C. A partir del 800 a. C., en el sitio de Baie Orientale 1, dichos vestigios se hacen más abundantes, sobre todo los depósitos de objetos y utensilios, que se ocultaban para poder volver a utilizarlos posteriormente, lo cual implica un cierto grado de apropiación del territorio. Vemos así que las últimas comunidades mesoindias habían comenzado un proceso de neolitización y una semisedentarización basada muy probablemente en una protoagricultura, que se puede deducir de los instrumentos líticos. Es posible que esos aspectos de su forma de vida hayan facilitado su integración a las primeras colonias neoindias de agroalfareros, documentadas, en la colectividad francesa de San Martín, a partir del año 400 a. C. en el sitio de Hope Estate [fig. 4]. Las dataciones radiométricas prueban efectivamente que ambos grupos deben de haber estado en contacto. La desaparición de las comunidades mesoindias de las Antillas Menores hace pensar que pueden haber sido asimiladas por las nuevas sociedades del Neoindio, a no ser que se hayan refugiado en las Antillas Mayores o que simplemente se hayan acabado. La migración de las sociedades de agroalfareros saladoides, huecanos y cedrosanos, y la probable integración de las comunidades mesoindias constituye el melting pot del Neoindio temprano (Bonnissent 2008).
Aún no se conoce bien el período de transición del Neoindio temprano al Neoindio tardío en el archipiélago. Las dataciones radiométricas demuestran la coexistencia de grupos saladoide cedrosanos con ocupaciones troumassoide mamoranos de estilo Mill Reef. Por otro lado, el estudio tipológico de los ajuares cerámicos muestra que las producciones poco elaboradas del estilo Mill Reef (Bonnissent 2008) derivan de conjuntos complejos saladoide cedrosanos. El estudio de los restos de la isla de San Martín y del área de las islas del norte nos lleva a postular un esquema inédito en dos etapas para explicar la mutación que sufrieron estas sociedades (Bonnissent et al., de próxima publicación). A partir del 600 d. C., la escisión del Saladoide cedrosano tuvo como consecuencia que coexistieran dos comunidades culturales: una llamada «Saladoide cedrosano tradicional» y la otra «Saladoide cedrosano derivada». Las comunidades tradicionales producen conjuntos cerámicos saladoide cedrosanos, mientras que las comunidades derivadas producen el estilo Mill Reef de la subserie troumassoide mamorano, una facies contemporánea que, siendo más pobre, deriva no obstante del Saladoide cedrosano. Esta escisión necesariamente tuvo una causa sociocultural. Dos siglos más tarde, a partir del 800 d. C., el impacto de la Terminal Classic Drought(tcd) —un largo período de sequía— y un aumento de la actividad ciclónica (Bertran et al. 2004; Malaizé et al. 2011) pudo haber acentuado una situación social que ya era problemática, sobre todo en las islas pequeñas, donde escaseaban los recursos. Por tanto, la mutación de estas sociedades parece haber sido generada por un fenómeno sociocultural asociado a modificaciones climáticas derivadas de los efectos de la tcd. El clima, cuya importancia en México en el período Clásico Terminal ha quedado probada (Hodell et al. 1991; 2005; Curtis et al. 1996; De menocal 2001; Mc Closkey, Keller 2009), en relación con la caída de la civilización maya, parece haber desempeñado asimismo un papel esencial en los grandes cambios culturales del Caribe y, en particular, en la decadencia del Neoindio temprano en las Antillas entre los años 800 y 1000 d. C.

Fuente: http://www.culture.gouv.fr/culture/dp/daf_archeo/pages/catalogue/dAf107/resumen_daf107.html

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