San Isidro de los Destiladeros: Para una mejor interpretación de la Arqueología

San Isidro de los Destiladeros: Para una mejor interpretación de la Arqueología

Por: Enrique Ojito Linares

Cuentan que cuando aquel anciano de la familia Fonseca, último propietario de San Isidro de los Destiladeros, vio a los arqueólogos y otros expertos virando patas arriba los sembrados y otros rincones de lo que fuera un emblemático ingenio, no se contrarió; pocos como él, sabían cuánta riqueza patrimonial se escondía por aquellos lares en ruinas y olvidados.

Tanto valor atesora ese museo a cielo abierto, que devendrá Centro de Interpretación Arqueológica del Valle de los Ingenios, proyecto que transita por su primera etapa, según Blanca Pérez Bravo, directora técnica de la Oficina del Conservador de la Ciudad de Trinidad y del propio valle.

Este proyecto ha sido impulsado en la antesala de la celebración del medio milenio de la tercera villa, fundada por el Adelantado Diego Velázquez, en enero de 1514.

“La torre campanario está consolidada; ahora se está trabajando en la parte estructural de la casa hacienda. A pesar de que no esté totalmente reconstruido o rehabilitado, va a tener explotación; sabemos que desde el año el número de visitantes ha ido en aumento, y no pocos guías turísticos ya incluyen este lugar en el recorrido del Valle de los Ingenios”, manifiesta Pérez Bravo.

Al decir de la directora técnica de la citada oficina, para el aniversario 500 de la ciudad, San Isidro de los Destiladeros contará con un nivel de senderismo a partir de las señalizaciones que serán ubicadas para una mejor orientación de quienes acudan al sitio, “muy rico porque tiene toda la lectura del ingenio”, añadió Blanca Pérez.

La funcionaria destacó la importancia de los talleres de Arqueología que desde el 2000 se desarrollan en San Isidro de los Destiladeros y que tuvieron un impás durante el 2008 y el 2009 debido a las secuelas dejadas allí por el huracán Denis. Esas citas se han prestigiado con la participación, indistintamente, de especialistas no solo de la provincia; sino de otras como La Habana, Camagüey, Santiago de Cuba, Artemisa y Mayabeque.

Citada por Radio Trinidad, Karen Nailuz, especialista del gabinete de Arqueología de la Oficina del Historiador de La Habana, le concede enorme jerarquía a la realización de estos talleres: “Es una experiencia tremenda la de desenterrar un objeto o una evidencia mayor y ver como luce, ir comprendiendo la vida de aquellas personas; además de los lazos afectivos que nos unen a todos los participantes”.

“Descubierta y protegida desde finales de los años ochenta, hoy las ruinas de San Isidro constituyen un valioso laboratorio donde aún queda mucho por investigar”, escribiría el arquitecto Roberto López Bastida, ya fallecido, quien se desempeñara desde 1997 hasta su muerte en 2003 como director de la Oficina del Conservador.

Al analizar los valores patrimoniales de San Isidro de los Destiladeros, el propio López Bastida destacó el hallazgo del llamado tren jamaiquino, es decir, “el sistema de cocción del azúcar, inserto en ‘la casa de maquinas’ como en cada ingenio”. El tren jamaiquino, cuyo nombre tiende a confundir, consistía en un sistema de cinco calderas sometidas al fuego de un horno único para la fabricación del azúcar.

Otro elemento distintivo del sitio arqueológico es la torre de tres niveles y una planta cuadrada, de estilo neoclásico, que, según algunos expertos, recuerdan un contexto de la Europa renacentista.

Por todo, vale aplaudir el proyecto de rescate patrimonial pues, al final, se traduce en preservación de la memoria identitaria.

Fuente: http://www.radiosanctispiritus.cu/es/2013/09/san-isidro-de-los-destilade...

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