Nuevas sorpresas llegan desde la Batería de San Dionisio

Nuevas sorpresas llegan desde la Batería de San Dionisio

Descubren en la antigua Batería de Boca de Jaruco, situada en la actual provincia de Mayabeque, evidencias patrimoniales que ponen al descubierto un importante sistema de fortificación defensiva, creado por los hacendados azucareros durante los siglos XVIII y XIX

Por: Jaime Gómez Triana

El espacio histórico-arqueológico conocido hoy como Sistema Defensivo San Dionisio es testimonio de una larga historia de ocupación militar, que se reseña con la localización de las viejas estructuras que ilustra el uso, destrucción, agrego, superposición y reutilización de materiales de construcción.

Para desentrañar estos misterios, un grupo de especialistas, arqueólogos y estudiosos del tema se reunieron en el II Taller Nacional de Arqueología en Fortificaciones San Dionisio 2013.

Para la indagación emplearon tres fotos históricas de principios del siglo XX, y dos planos o croquis de 1825 encargados por Arango y Parreño, junto a algunos expedientes documentales del Fondo Real Consulado y Junta de Fomento de la Isla de Cuba, localizados en el Archivo Nacional de Cuba.

Fue así que quedaron expuestos nuevos componentes del viejo sistema defensivo costero de Boca de Jaruco, en Santa Cruz del Norte, hoy provincia de Mayabeque, cuya construcción fuera promovida por el interés de un grupo de importantes hacendados azucareros y el Real Consulado de Agricultura y Comercio en la costa de barlovento, entre 1793-1797.

De acuerdo con los estudios realizados, se estima que el primer ensayo de la tipología defensiva costera propuesta por los hacendados y el Gobierno militar de la Isla comenzó precisamente por la obra de Boca de Jaruco, y se trató de dar respuesta con un sistema de defensa de carácter territorial, de componentes locales y regionales, con el fin de combatir y aniquilar cualquier desembarco de fuerzas invasoras o algún alzamiento insurreccional interno.

De esta manera se daba respuesta a una preocupación permanente, de terratenientes y capitanes generales de la Isla, sobre la protección de las extensas zonas costeras aledañas a la capital y otros enclaves económicos fundamentales.

La iniciativa involucraba a importantes hacendados como don Joseph de Peñalver y Barreto, el marqués del Real Socorro, el marqués de San Felipe y Santiago, don Martín de Arostegui, bajo el liderazgo de don Francisco de Arango y Parreño.

El proyecto abarcaba varios puntos de la costa de sotavento como Bahía Honda, Cabañas, Mariel, Banes, Baracoa, Guajaibón, Jaimanitas y, por barlovento, Bacuranao, Rincón de Sibarimar, Santa Cruz, Arcos de Canasí y Puerto Escondido, entre otros, aunque algunos nunca pasaron de la idea a la acción.

Exploradores de la historia

Arqueólogos e investigadores del Consejo Nacional de Patrimonio Cultural del Ministerio de Cultura y el Gabinete de Arqueología de la Oficina del Historiador de La Habana comandaron la cita científica y contaron, además, con la participación de especialistas de los gabinetes de Arqueología de las oficinas del Conservador de Santiago de Cuba y del Historiador de Camagüey, del Instituto Cubano de Antropología, del Consejo Provincial de Patrimonio Cultural de Ciego de Ávila, de los museos de Madruga y Santa Cruz del Norte, de la provincia de Mayabeque, y miembros de los comités espeleológicos de Santa Clara, Artemisa y Mayabeque, pertenecientes a la Sociedad Espeleológica de Cuba.

El máster en Arqueología y arquitecto Jorge F. Garcell Domínguez, del Consejo Nacional de Patrimonio Cultural, condujo al equipo en las labores de exploración y excavación de las trazas de las estructuras y componentes del sistema militar.

El especialista señala que en este encuentro se propusieron continuar la intervención arqueológica iniciada en el año 2012 en varias zonas dentro del sitio histórico-arqueológico, y dejar otras pendientes para la campaña de 2014.

Dijo que en la zona de la garita o cárcel, a la entrada del sitio, se revela la superposición de varias estructuras, demolidas o abandonadas, y sobre ellas se reedificó nuevamente, correspondientes, como mínimo, a tres momentos históricos diferentes.

Fue así que se localizaron varios sistemas de huellas realizadas directamente sobre la roca del terreno; entre ellas se destaca una línea de grandes huellas de postes, a todo lo largo y ancho del espacio, relacionadas con el embarcadero, y que pudieran corresponder a una nave o almacén de mercancías, asociada al comercio de los hacendados o los vecinos, de carácter transitorio, bajo la protección de la vigía del torreón.

La excavación del espacio del torreón dejó algunas interrogantes el año anterior, relacionadas con el camino originario de acceso y el hallazgo de un fragmento de piso o pasillo de ladrillo que se adosaba a la pared extrema.

En esta ocasión se logró localizar el sendero original compuesto por un apisonado de arena del lugar con cal, que enlaza la escalera de acceso al torreón en dirección a la actual puerta del espacio fortificado.

Este hallazgo coincidió con el del pasillo original de acceso de la actual casa del sitio, de 8,80 metros de largo por 1,80 metros de ancho, ambos tapiados totalmente.

Explica el profesor Garcell que lo más interesante fue que esta excavación llevó a localizar uno de los hallazgos más interesantes de la campaña.

Según refiere, la extensión de la excavación, siguiendo la estructura de ladrillos en dirección a la casa, los llevó a descubrir que la vivienda se encuentra erigida sobre la colocación y nivelación de los bloques provenientes del torreón, reutilizados como cimentación de este inmueble.

«Pero aun hay más, el bloque de la esquina derecha de la vivienda se corresponde posiblemente con una de las secciones que recibió el impacto bélico de 1898», aseguró.

El investigador describe que según historiadores que han trabajado el lugar, se expone que tras el disparo de un buque perteneciente a la Marina de Guerra norteamericana en 1898, durante el bloqueo a la Isla, quedó herida de muerte la construcción del torreón, inmortalizada en una de las fotos que poseemos, publicada por la revista El Curioso Americano, de 1929.

La ocupación posterior del espacio por la Marina de Guerra en la República determina su demolición total. Los historiadores refieren en sus crónicas el desconocimiento del paradero de los sillares que formaron parte del cuerpo del torreón.

Otro espacio investigado fue una estructura de ladrillos que sobresalía del suelo una pequeña sección, muy cerca de la batería, y podía corresponderse con el hornillo de bala roja que se refiere en la documentación. La estructura es un rectángulo de 3,65 por 2,65 metros de ladrillos, colocados entrelazados a manera de un contenedor, relleno en su interior con un mortero de cal, piedras y fragmentos de ladrillos.

Lo más interesante es la localización, en un extremo, de un canal inclinado de 0,56 m de largo que termina en un contenedor circular, realizado también en ladrillo. Toda esta estructura posee una balsa o zapata que la circunda, donde aparece la huella de otra estructura ya desaparecida. Se localizaron huellas de postes, por lo que suponen que estaba originalmente protegida por algún tipo de cobertura.

La literatura define que el hornillo de balas rojas se corresponde con una pequeña obra para calentar al rojo vivo la bala o proyectil y sirve además para fundir, cuando se calienta la bala se envía al depósito o lugar donde se encuentran los cañones.

Sucesos que armaron una historia

La anterior convocatoria del taller en agosto de 2012 expuso el emplazamiento de un torreón-atalaya, construido principalmente sobre grandes bloques de cantería y concluido para sus funciones el 31 de agosto de 1797, obra que estuvo a cargo del maestro de obra Dionisio Vertía, a un costo de 2 769 pesos y 32 reales, acopiado mayoritariamente por la suscripción económica de los hacendados interesados en la protección de sus bienes. Emergió además en esa campaña el aljibe y un sistema de albercas hidráulicas aledañas a este.

En el acceso al lugar y muy cerca de la puerta se localizó también la cimentación de una garita o guarnición de soldados, de donde parte un sendero hasta el antiguo embarcadero, hipótesis que se valida por su ubicación dentro del espacio y una de las fotos, pero los recientes trabajos arqueológicos sobre la misma zona pusieron en crisis estas teorías.

Fuente: http://www.juventudrebelde.cu/suplementos/en-red/2013-10-12/nuevas-sorpresas-llegan-desde-la-bateria-de-san-dionisio/

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